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MEDIA COLUMNA
“O mecanismo”
Jorge Morelli
@jorgemorelli1
jorgemorelli.blogspot.com
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Aparece al final de la serie brasileña del
mismo nombre, dibujado en la pared, explicado a medias. Vale la pena mirarlo con
cuidado repetidas veces, sin embargo, porque contiene la clave de la historia
reciente de la corrupción en Latinoamérica.
La primera de las cuatro estaciones del “mecanismo”
se halla en el Estado, en el caso de Brasil en la empresa estatal de petróleo,
un Estado dentro del Estado.
Comienza con el listado masivo de las concesiones
y licitaciones públicas o semi publicas de las obras que el gobierno decide construir.
En la narración televisiva el listado se hace llegar a la segunda estación del “mecanismo”:
las Constructoras. El club de las Constructoras -trece en total en la teleserie
brasileña- tiene un procedimiento sofisticado para asignar cada licitación a la
empresa que la va a ganar. Todas las empresas del club participan de las
licitaciones, pero con ofertas arregladas, más caras, de modo que la designada gana
siempre.
Las Constructoras subcontratan luego a la
tercera estación: los Operadores. Personajes sórdidos o de cuello y corbata si
hace falta, los Operadores son subcontratados en negro por las Constructoras
para sus operaciones en negro: aceitar el proceso burocrático para que las
obras no se traben. Una no opera en negro, estructura sus operaciones dentro de
su contabilidad. Es el principio del fin.
Más fundamentalmente, sin embargo, los
Operadores cumplen la función crucial del “mecanismo”, hacer llegar los fondos
a la cuarta y última estación: los Partidos. Todos si es posible, sin
preferencias, sin ideologías.
Eventualmente, uno llegará al poder en las
siguientes elecciones y al control del Estado, primera estación del
“mecanismo”. Elabora entonces el nuevo listado, cada vez más grande, cada vez
más caro, de megaobras cada vez más innecesarias. Y el “mecanismo” vuelve a comenzar.
La teleserie brasileña declina cualquier
parecido con la realidad. La ficción siempre exagera la realidad para
simplificarla. Recuerdo un film italiano de los 70: “Ciudadano por encima de
toda sospecha”. El público latinoamericano sabrá juzgar. Aun la ficción proporciona
las herramientas conceptuales que faltaban para comenzar a entender.
Por años el “mecanismo” pudo ser viable
porque fue políticamente posible cerrar el mercado latinomericano solo para las
empresas latinoamericanas -en una pirámide de subcontrataciones-, excluyendo a
las extranjeras de la competencia. Un burdo caso de mercantilismo
proteccionista que por su fragilidad intrínseca no iba a durar, un vistoso y
grotesco carro alegórico de carnaval.
Al desmoronarse el tinglado, ahora veremos quizás
a las empresas constructoras del resto del mundo participando en las
licitaciones públicas latinoamericanas subcontratando a las locales que tienen
el know how. La libre competencia en un mercado global abierto habría cerrado
el paso a la corrupción desde un prinicipio.
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