jueves, 8 de julio de 2021

MEDIA COLUMNA miércoles 6 julio 2021 "Judicialización de la política rebasa lo imaginable"

 


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Judicialización de la política

rebasa lo imaginable 

 

Jorge Morelli

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Al cierre de esta columna, una jueza de la Corte Superior de Lima ha emitido una resolución y una medida cautelar ordenando al Congreso “suspender provisionalmente” la elección de los miembros del Tribunal Constitucional, prevista esta semana en el Pleno.

 

La resolución dispone la suspensión de la elección programada para los días 7 y 8 de julio “hasta que el presente proceso pueda ser resuelto mediante un pronunciamiento sobre el fondo del asunto", señala.

 

La demanda presentada al poder Judicial argumenta que “el Congreso no tiene legitimidad” a juzgar por las preguntas hechas a los postulantes al TC. Habría en ellas  “conflicto de intereses” ya que el Congreso estaría buscando “un Tribunal Constitucional a su medida, ya con un cálculo político”. Se pone explícitamente en el supuesto caso del rechazo de una cuestión de confianza.

 

La demanda concluye que el que debe elegir a los miembros del TC es el Congreso entrante.

 

Pero la resolución de la jueza no ha tomado en cuenta ninguno de esos argumentos. Ampara la demanda fundándose unicamente en que no se habría “cumplido con los principios de publicidad, transparencia y meritocracia al momento de la respectiva asignación de los puntajes” de los postulantes. Y recoge también el argumento del “peligro de la demora” en actuar, que “generaría incertidumbre respecto de los efectos de la nulidad del procedimiento una vez que los magistrados ya se encuentren ejerciendo el cargo”.

 

Esta tarde, el Congreso ha convocado a Junta de Portavoces de las bancadas para tomar una decisión sobre el asunto, que sería conocida en cualquier momento.

 

Está claro que la atribución constitucional del Congreso de elegir a los miembros del Tribunal Constitucional no puede ser interferida por otro poder del Estado. Tampoco “suspendida provisionalmente”, de manera que hay flagrante violación de la Constitución.

 

Una que, precisamente, se origina en que la demanda presentada se basa en el cálculo político. En efecto, no es difícil suponer el fondo del asunto: dada la inconstitucionalidad de una eventual reforma constitucional que no pase por el Congreso –tanto más una convocatoria a una asamblea constituyente-, la decisión de forzar la convocatoria por medios inconstitucionales será previsiblemente objeto de una demanda de inconstitucionalidad ante el Tribunal Constitucional.

 

Y la demanda parte de la premisa de que la composición actual del Tribunal pesaría decisivamente en la decisión sobre la inconstitucionalidad de una asamblea para cambiar la Constitución. Contrario sensu, parte también de la premisa de que la renovación de sus miembros pesaría en la decisión del TC en la dirección opuesta. Es decir, los argumentos de la demanda para pedir al juzgado una decisión no solo no son jurídicas sino que son de naturaleza política.

 

Y el juzgado ampara ese pedido basándose en el supuesto peligro de una eventual “nulidad del procedimiento” de la elección de los magistrados.

 

La judicialización de la política ha alcanzado sus límites más extremos. A esto hemos llegado.

 

 

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jueves, 1 de julio de 2021

MEDIA COLUMNA miércoles 30 junio 2021 "El monumental malentendido de la izquierda peruana"


 

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El monumental malentendido

de la izquierda peruana


Jorge Morelli

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Las comunidades andinas y amazónicas quieren explicablemente que se les entregue la propiedad de los recursos naturales bajo sus tierras. Pero eso no va a suceder ni siquiera en la versión más radical de la constitucion que la izquierda quisiera poder aprobar. 

La izquierda jamás podrá renunciar a que los recursos naturales sean del Estado, tal como es hoy. La razón es muy simple: si el Estado no fuera dueño de los recursos, ¿para qué querría la izquierda controlar el Estado?

¿Cómo hará entonces un hipotético gobierno izquierdista para estar a la altura de lo que demandan las comunidades? Sencillamente, no lo hará. No entregará los recursos de ninguna manera. Defraudará a las comunidades, que son los pobres entre los pobres del Perú y los pondrá en su contra.

El único modo en que podria responder a ese anhelo es entregando a todos los peruanos y a los comuneros entre ellos una propiedad de la tierra que sea verdaderamente tal, especialnente la propiedad de las tierras sobre los recursos naturales.

 

Para esto hay que titular la propiedad de la tierra. Incluso la propiedad familiar e individual de la tierra dentro de las comunidades andinas y amazónicas. Los comuneros no se opondrán, porque eso es lo que naturalmente ocurre. Ha habido desde siempre en ellas propiedad individual y no solo comunal. Es un proceso histórico que avanza lentamente a su propio ritmo. Titular ambas, respetando lo que los comuneros decidan, no hallará ninguna resistencia.

Pero tampoco basta titular. Hay que poner en valor esas tierras con agua y darles un precio de mercado global que les permita ser capital.

Ahora bien, ¿quién en todo el espectro político peruano podría oponerse a esta que es la verdadera revolución? Desde la extrema izquierda hasta la extrema derecha, simplemente nadie.
 
La paradoja es que, para hacerlo no hace falta una nueva constitución. Ni siquiera hace falta cambiar la actual. De manera que la razón por la que la izquierda quiere cambiar la constitución no es esa. Lo que en realidad busca es cambiar los contratos de concesión otorgados por el Estado para la extracción de los recursos naturales para entregarlos a otros concesionarios o bien para que el Estado se lleve una proporción mayor de la renta que producen mediante impuestos o regalías. Es decir, lo que le interesa no es entregar propiedad a los pobres, sino sacar una tajada mayor de los recursos para el Estado, tampoco para los pobres.

Este malentendido monumental es lo que la izquierda -en sus facciones: Cerrón, Castillo, Verónica- necesita debatir internamente hasta que le quede claro a ella misma qué es lo que en verdad le importa.




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viernes, 25 de junio de 2021

MEDIA COLUMNA miércoles 23 junio 2021 "En la constituyente chilena todo requiere dos tercios"


  

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En la constituyente chilena

todo requiere dos tercios

 

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La Convención que escribirá la Constitución de Chile se instala el 4 de julio, en menos de dos semanas. Sus integrantes fueron elegidos el 15 y 16 de mayo pasado.

 

La Convención sesionará en Santiago mientras, paralelamente, el Congreso seguirá funcionando en Valparaiso.

 

De las 155 curules de la Convención Constituyente, 17 pertenecen por adelantado a los pueblos originarios: siete para los mapuches, dos para los aimaras y ocho para otros tantos grupos étnicos (los quechuas entre ellos). La Convención está compuesta por 78 hombres y 77 mujeres.

 

La coalición de derecha (Vamos por Chile) tiene 37 votos; los independientes tienen 11; el centro izquierda (Lista del Apruebo, Independientes No Neutrales) tiene 36; la izquierda (Apruebo Dignidad, Lista del Pueblo) tiene 54. Más los 17 votos de los pueblos originarios suman 155.

 

Toda decisión relativa a la Constitución, al contenido y su texto, se aprueba por los dos tercios de los votos la Convención. O sea, 104 como mínimo de un total de 155.

 

La izquierda y el centro izquierda sumados alcanzan 90 votos. Solo podrán sobrepasar los dos tercios si los pueblos originarios (17) votan cerrado con ellos siempre. Bastaría que la izquierda pierda cuatro votos y queda sin poder aprobar un texto por sí sola.

 

El texto constitucional tiene tres candados: no podrá cambiar el régimen democrático y republicano, ni las sentencias judiciales, ni los tratados internacionales de Chile. Las disputas deben ser resueltas por cinco miembros de la Corte Suprema chilena elegidos por sorteo.

 

La Convención Constituyente tiene nueve meses (más tres adicionales de prórroga) para terminar el el proyecto constitucional a ser sometido a referendum. La Convención se disuelve una vez aprobado el texto. Hay un cuarto candado: la Convención se disuelve también si se cumple el plazo de prórroga sin que exista un texto aprobado.  

 

Como se ve, la izquierda chilena no las tiene todas consigo.

 

 

 

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jueves, 17 de junio de 2021

MEDIA COLUMNA miércoles 16 junio 2021 "Te tiro la hoz, te tiro el martillo"

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Te tiro la hoz,

te tiro el martillo

 

 

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Las discrepancias entre Vladimir Cerrón y Pedro Castillo parecen haber llegado a su punto de saturación y la fractura entre el candidato y el secretario general del partido puede ser inminente.

 

Hay quien cree que eso es falso, que todo está fríamente planeado entre ambos–como en la vieja teoría de las dos líneas del pensamiento Gonzalo- y que el enfrentamiento es un montaje para engaño de tontos. No parece el caso, porque los agravios han llegado ya al nivel personal para con los nuevos allegados a Castillo.

 

El acercamiento a Castillo de la caviarada de Verónika Mendoza es lo que ha provocado este desenlace. Cerrón viene desautorizando a diestra a siniestra a la caviarada de la Vero, que se sube por todas partes al carro del candidato procurando hacerse del control. Pero no se trata solo ya de la continua reaparición de Pedro Francke en cuanta presentación pública se ofrece -lo que ofende a Cerrón y resulta ya deliberado-, sino ahora también de la reunión de Castillo con el morado Julio, a quien recibe con los brazos abiertos.

 

Es que a Castillo le ocurre tal vez como a esos aspirantes a estrella que un día la pegan en el escenario y llaman la atención de un manager importante. Este le hace ver que hasta ahí ha podido llegar con el amigo del pueblo, pero que en las grandes ligas necesita a un profesional que le cambie la imagen y el repertorio por otro más amplio.

 

De inmediato, lo que ha causado el distanciamiento es quién decide la conformación del gabinete si Castillo asume. En el Congreso, Cerrón tiene el control de la bancada, pero quiere nombrar también al gabinete o parte de él y ve con desmayo que la caviarada se está apoderando de las sillas. Esto, por lo mismo, ya augura el nuevo conflicto de poderes entre el Ejecutivo y el Legislativo, que disparará contra el gabinete caviar como a peces en un barril con el aplauso de la oposición.    

 

Desde luego, a Cerrón no le faltan motivos para sentirse estafado. Años ha trabajado el sueño del partido comunista ortodoxo, entrenándolo para embestir como toro en la plaza, ¿para terminar viendo a unos advenedizos robárselo? El partido ya ha sacado un comunicado cerrando filas con su secretario general.

 

Pero el hecho es que los programas son cada vez más incompatibles. Mientras Castillo parece hacer concesiones –acaso a medias de la boca para afuera- a la hoja de ruta caviar, que promete respetar la Constitución, el Banco Central y todo lo demás, Cerrón se mantiene incólume en la línea dura del programa original. Esta incompatibilidad es imposible de resolver, la confrontación es inevitable por lo tanto.

 

No solo en el supuesto gobierno sino desde ahora mismo, Cerrón amenaza a Castillo con tirarle la hoz y también el martillo.

 

 

 

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domingo, 13 de junio de 2021

MEDIA COLUMNA domingo 13 junio 2021 "Sin legitimidad no basta la fuerza"

 

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Sin legitimidad

no basta la fuerza

 

 

Jorge Morelli

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El dólar está ya cerca de cuatro soles e impacta con fuerza en los precios del trigo para el pan y los fideos, y del maiz para alimento de los pollos, que en ambos casos importamos en su totalidad a precios que, además, se estpan disparando en la economía global postpandemia. El alza del dólar ya genera inflación en soles y la inflación provoca una mayor alza del dólar. Y esto empeora. Es una espiral que los peruanos hemos conocido bien en el pasado. Conduce al desabastecimiento y las colas en la calle. Es lo que ocurre hoy en Cuba y en Venezuela.

Si ambos regímenes han durado tanto es por la fuente de dólares del petróleo de Venezuela. Pero no es inagotable. Su producción hoy no es ya ni la sombra de lo que fue. Y lo será cada vez menos en un mundo que rechaza los combustibles no renovables y la contaminación ambiental. Allende no duró en Chile porque el experimento se ahorcó por falta de dólares. Lo mismo pasará en la Argentina. De allí que apoderarse de los recursos naturales del Perú, de Chile y de Bolivia sea para el castrismo una cuestión de vida o muerte. El cobre, el oro, el litio y el uranio del siglo XXI son la fuente de dólares que necesita para seguir respirando. Sin ella, muere.

 

Lo que hace Venezuela hoy es armar a un contingente de mercenarios capaces de reprimir a cualquier costo toda expresión de protesta en las calles sin que importe la violación masiva de derechos humanos. Eso es imposible sin someter primero a las fuerzas armadas, lo que supone copar antes los servicios de inteligencia para hacerlos girar 180 grados hacia adentro, a vigilar a las propias fuerzas armadas de modo de separar de ellas a todos los oficiales potencialmente opositores al gobierno. Esa es la receta del castrismo. El propio Fidel se la detalló años atrás a Hugo Chavez. Sin dólares ya, solo la fuerza bruta permite al castrismo permanecer en el poder hoy en una Venezuela hambrienta.

 

Lo que al pueblo peruano le interesa de inmediato es el precio de los alimentos –del pollo y del pan- y tomará la calle si la inflación no para. El gobierno tendrá que lidiar con eso. Y, sin legitimidad, no podrá hacerlo sino por la fuerza. Si el recuento de actas electorales actualmente en marcha en el Perú no llega a su término con transparencia y hasta el último voto, el resultado será un gobierno sin legitimidad de origen. Un gobierno así solo se puede sostener por la fuerza de las armas.


 

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miércoles, 9 de junio de 2021

MEDIA COLUMNA miércoles 9 junio 2021 "Montar guardia en el Congreso"

 


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Montar guardia

en el Congreso 

 

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Se ha destapado la pieza que faltaba en el rompecabezas del plan de izquierda para conseguir una asamblea constituyente en caso llegara al gobierno. Al parecer, ha comprendido que convocar a un referéndum para ese fin por decreto supremo del poder Ejecutivo es inconstitucional. Ese gobierno se pondría, desde el primer día, al margen del Estado de Derecho. Para no salir de la cancha de la democracia, entonces, estaría optando por otro camino  para cambiar la Constitución.

 

Un camino previsto en la propia Constitución. El artículo 206 de la Carta dispone para esto dos alternativas.

 

La Constitución ofrece un primer camino: la aprobación por el Congreso en dos legislaturas sucesivas. Ya no hay referéndum en este caso. Pero la izquierda no tomará este camino porque la propia Constitución exige en el articulo 206 para esto una mayoría de dos tercios del número legal de congresistas en cada legislatura. La izquierda sabe que no alcanzará los dos tercios.

 

La segunda alternativa consta de dos pasos sucesivos: aprobación por el Congreso y luego ratificación por referéndum. Este es el camino elegido. Es por eso que la izquierda se propone, al parecer, debatir en una legislatura antes de 28 de julio el referéndum para modificar la Constitución. Con ello, el reférendum posterior ya no sería inconstitucional.   

 

Pero este camino tampoco está exento de obstáculos. El primero es que la Carta señala expresamente que la aprobación del Congreso en este caso debe hacerse con mayoría de más de la mitad del número legal de sus miembros.

 

¿Existe hoy en el Congreso una mitad de congresistas dispuestos a aceptar ahora que aprobar la modificación de la Constitución, en medio de la trifulca electoral, para servir la mesa al referéndum posterior?

 

Hay al respecto un proyecto en la Comisión de Constitución que aun no tiene dictamen. Luego de reciente visita del presidente de la comisión a Francisco Sagasti, el congresista informó que su comisión dejaría de lado algunos temas de reforma, pero nada dijo de este.  

 

El hecho es que no puede descartarse. De manera que ahora hay que montar guardia también en el Congreso. Estamos prevenidos.  

 

 

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sábado, 5 de junio de 2021

MEDIA COLUMNA domingo 6 junio 2021 "El fantasma de Túpac Amaru"

 

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El fantasma de

Túpac Amaru

 

Jorge Morelli

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Ha reaparecido en estas elecciones nuestro más antiguo conflicto: el que separa a la Sierra del Sur de la Costa Norte del Perú. Las encuestas están mostrando preferencias del orden del 70% de uno y otro lado en una encrucijada que es mucho más que un mera contienda política de izquierda y derecha. La feroz polarización actual tiene poco de debate político. Echa sus raíces emocionales en graves cuestiones históricas y étnicas. Inocultable, el fantasma de Túpac Amaru se ha hecho presente.

 

El Perú nunca fue una colonia, fue un virreinato. Eso no es un hecho banal. No hubo genocidio en la Conquista. Es parte de la leyenda negra. Murieron millones por enfermedades a las que la población no era inmune. No tenía anticuerpos, pero eso no se sabía entonces. Murieron sin que nadie supiera de qué. Fue una tragedia, no una política genocida. La nobleza heredera de los curacas indígenas llegó con sus tierras y títulos hasta fines del siglo XVIII. La muerte ignominiosa de Tupác Amaru en 1780 a manos de los borbones del trono español habría sido impensable cien años antes. La respuesta a la sublevación, en cambio, fue brutal: arrebató a la nobleza indígena el derecho de mayorazgo -según el cual la tierra quedaba en manos del hermano mayor- obligando a repartir la tierra entre todos los hijos. Les quitó la propiedad, según se entendía entonces. Esto quebró la columna vertebral de la economía del Sur del Perú. Ese fue el verdadero genocidio, sumado a la creación del Virreinato del Río de la Plata, otra decisión política borbónica, que quebró el negocio de arriero de mulas a Tucumán y Buenos Aires de José Gabriel Condorcanqui, curaca de Tungasuca, que entonces tomaría el nombre del último inca, Túpac Amaru.

 

No somos el ombligo del mundo, pero estamos hoy en la primera línea de combate entre la tradición y la modernidad.

 

La noticia global hoy es que el grupo de las siete naciones con mayor peso en la economía global –conocido como el G7- aprobó el viernes crear un impuesto global a las grandes empresas. Deberá ser ratificado pronto por el G20, el G7 ampliado a otros.  El gatillo de la decisión es, desde luego, el gasto ilimitado hecho por todos los Estados a causa de la pandemia. El impuesto será como mínimo del 15% o mayor. Eso es lo que se discute. El debate económico de nuestra era gira, igual que hace más de 200 años, en torno a más Estado o menos Estado. El liberalismo del consenso de Washington llegó en este sentido tan lejos como se puede en política real, en dirección de la desregulación y el menor Estado posible. Los republicanos estadounidenses han sido sus defensores siempre. Margaret Thatcher y Ronald Reagan fueron sus abanderados desde 1980. La drástica reducción del impuesto a la renta en EEUU hecha por Donald Trump en los últimos años ha sido su última gran ofensiva. Los demócratas, en cambio, han sido partidarios siempre de que el Estado intermedie la tajada más grande posible de la economía de la primera potencia global. Joe Biden volverá a subir el impuesto a la renta en EEUU: han ganado las últimas elecciones. La pandemia ha traido en todas partes un reverdecimiento del gasto público. La decisión política prevalece hoy sobre la economía. Pero no es una cuestión de doctrina ya, sino de oportunidad. Hicieron bien Thatcher y Reagan en actuar drásticamente contra la inflación siguiendo el pensamiento de Hayek. Hizo bien también Franklin Roosevelt en atacar la Gran Depresión con gasto público masivo, lo que Keynes convirtió luego en doctrina (no sin advertir que en ausencia de expectativas el gasto público solo genera inflación), como hizo bien en liderar al mundo libre contra el estatismo nazi en el Día D un 6 de junio, como hoy, hace 77 años. ¿Hace bien hoy el G7 en gravar a las grandes empresas globales en nombre del pueblo abatido de todo el planeta? 


Es el mismo antiguo dilema el que estamos viendo. Pero, en nuestro caso, la pandemia no ha significado solamente un resurgimiento del estatismo que se cree por encima de las libertades ciudadanas. Ha traido a la memoria de los peruanos del Sur el doloroso recuerdo de su último inca.