domingo, 21 de abril de 2019

ESTA NOCHE domingo 21 abril 2019



ESTA NOCHE, donde usted se entera no de todo lo que ocurre, sino de lo que necesita saber.


MEDIA COLUMNA
Llámales adversarios si quieres

Jorge Morelli
@jorgemorelli1
jorgemorelli.blogspot.com

"Dejo mi cadáver a mis adversarios como una muestra de desprecio, porque ya cumplí la misión que me impuse". Esta es una de las sentencias más duras que haya escrito ser humano alguno, sin precedentes que yo conozca en la historia de la humanidad. La sentencia perseguirá a sus adversarios mientras vivan.

La historia política de Alan García tiene un vínculo misterioso con la de Getulio Vargas -cuatro veces presidente de Brasil desde 1930, fundador del populismo sudamericano, padre del Partido de los Trabajadores, creador de Petrobrás-, quien gobernara hasta su suicidio en la Presidencia en 1954. He aquí su carta: “No me acusan, me insultan; no me combaten, me calumnian y no me otorgan el derecho a defenderme (…). Sigo el destino que me he impuesto. (…) He luchado mes a mes, día a día, hora a hora, resistiendo una presión constante, incesante, soportando totalmente en silencio, olvidándome de mí mismo, tratando de defender al pueblo que ha quedado desamparado. Nada más puedo darles salvo mi sangre (…) ofrezco mi vida en holocausto. Elijo este medio para estar para siempre con vosotros. Cuando los humillen, sentirán mi alma sufriendo a vuestro lado. Cuando el hambre golpee vuestra puerta sentiréis en vuestro pecho energía para la lucha por vosotros y vuestros hijos. Cuando os vilipendiaren sentiréis la fuerza de mi pensamiento para reaccionar (…) Al odio respondo con el perdón. Y a los que piensan que me han derrotado les respondo con mi victoria (…) Doy serenamente el primer paso hacia el camino de la eternidad y salgo de la vida para entrar en la historia”.

Es irrelevante si Alan García conoció o no esta carta. Probablemente sí. Era un buen conocedor de la historia. Al cabo, aunque desde orillas opuestas, Alan García y Getulio Vargas se quitaron la vida por la misma razón que el general cartaginés Aníbal o el ciudadano romano Marco Junio Bruto, asesino de César: porque no quisieron caer en manos de sus enemigos. En Roma cuando un patricio perdía en la lucha política, se le permitía el privilegio de marchar a su casa a quitarse la vida con honor. Esto puede parecer extraño y ajeno a nosotros. Pero en la historia política universal esa ha sido la norma. Lo nuestro es la excepción. Si un romano observara la política actual quizá diría que nuestras luchas son vacías porque no hay en ellas ni palabra ni honor. Alan García sabía esto, conocía la historia y se medía a sí mismo por ese parámetro. García no pensaba dentro de la caja en que estamos. Sabía que hemos caído en una trampa.

Hoy mismo, la mayoría de la gente en el Perú sabe que esto tiene que cambiar. Y pide terminar con el odio. No han terminado de comprender aún. El odio es una emoción. Lo que a nosotros nos ocurre no es producto de una emoción. Es un diseño fríamente calculado para generar el Terror con el objeto de capturar el poder, con elecciones o sin ellas. El Terror se tiene que detener ahora o alcanzará su objetivo. De buena fe preocupa a algunos que detener esta patología pueda significar que prevalezca la impunidad. Hay que deslindar tajantemente de ese espejismo. Los juicios van a continuar, pero la barbarie se tiene que detener. La prisión sin acusación fiscal es una violación del derecho mayor aun que la de la impunidad, porque es menos atroz la libertad de un culpable que la prisión de un inocente. 

Si García volvió, como Alberto Fujimori regresó sin tener que hacerlo, nunca faltará quien con mezquindad y cinismo diga que en ambos casos fue un error político. El espíritu no les da para más. Pero la verdad simple es que ambos volvieron por una cuestión de honor. En tiempos posmodernos la vieja noción del honor yace hoy ya casi extinguida. Quizá hay que saber algo de historia para no ser esclavo de la pequeñez de alma. García prefirió la muerte a caer sin honor. Llámale miedo si quieres, pero quienes desde la antigüedad ejercieron el poder en cualquier tiempo o lugar no hallarían deshonor alguno en obrar como un ciudadano romano.

El verdadero mensaje, sin embargo, es que hemos caído en una trampa donde un brazo de la tenaza es una justicia subordinada a un objetivo político y el otro, una ofensiva mediática despiadada orientada al mismo fin. Son las fauces del Terror. Ha llegado la hora de ponerle fin.


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jueves, 18 de abril de 2019

ESTA NOCHE miércoles 17 abril 2019



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MEDIA COLUMNA
El momento
Juana de Arco

Jorge Morelli
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Me llevó mi padre por primera vez a la Misa cantada de las diez de la mañana del domingo en la catedral de Notre Dame. El coro resonaba en ese espacio enorme, sobrecogedor, que podía transportar en el tiempo, a la coronación de Bonaparte en 1804 o a ese lugar imaginario del ático y las gárgolas en la entrañable novela de Víctor Hugo.  

La construcción tomó cien años entre los siglos XII y XIII. Tres generaciones le habrán entregado toda su vida. La edificaron para durar siglos. Notre Dame ha durado 850 años. En el incendio del lunes 15 de abril de 2019 el techo colapsó y  la aguja se desplomó, pero las dos torres de los campanarios, los muros, los arbotantes y los contrafuertes resistieron. La Catedral sobrevivió.

Será reconstruida por la misma razón que fue construida: para durar mil años, más que las vidas humanas. Para eso se edifican catedrales y pirámides, porque fundan en el corazón de los hombres el amor de la grandeza, unen a los pueblos en torno a ella y llevan un mensaje más allá, que debe ser preservado para los que siguen.

El mensaje de Notre Dame es el del Cristianismo y de Occidente. Desde 2016, ha habido dos atentados frustrados con coches bomba en sus inmediaciones. En lo que va de 2019, ha habido diez incidentes de vandalismo en iglesias católicas de Francia. Los hechos indican hasta el momento que el incendio de Notre Dame –el lunes de Semana Santa- comenzó en el ático. Puede haber sido un accidente involuntariamente causado por mano humana. Pero las autoridades no han descartado un acto deliberado. Necesitarán valor para decir la verdad, cualquiera que esta sea.

Pasé en París algunos meses importantes de mi vida en la secuela de Mayo 68, allí cumplí 22 años con un amigo querido que ya no está. Todavía existían ecos apagados del faro que fue París en décadas ya partidas. Diez años después me tocó un espectáculo innoble: en el Metro de París un hombre abofeteaba ante todos a una mujer indefensa y la golpeaba en el suelo sin que nadie se atreviera no ya a intervenir, sino a mirar siquiera. La indolencia nacida del miedo no ha hecho sino crecer desde entonces, hasta convertirse en paranoia ante el ubicuo, inminente ataque terrorista. 

El lunes en las imágenes el mundo entero veía a los jóvenes en las orillas del Sena recordar cantando oraciones y coros de su infancia. De pronto su fé se encendió de nuevo, como una vela. Es conmovedor que la coraza del miedo se resquebraje un momento para encontrar en el prójimo a un semejante. Pero Notre Dame debería ser más que eso. Debería ser el momento Juana de Arco, la santa del valor ante la adversidad canonizada en la Catedral: un punto de inflexión política y el momento de decisión que lleve a esa ciudad amada por todos a recordar quién es, cuál es su verdadera identidad y su herencia, como tantas veces en el pasado. Ese será un domingo de Resurrección.  



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martes, 16 de abril de 2019

ESTA NOCHE lunes 15 abril 2019




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Por el Perú pasa
la Ruta de la Seda


Jorge Morelli
@jorgemorelli1
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La iniciativa del presidente de China, Xi Jinping, llamada The Belt and Road o Ruta de la Seda, según el antiguo nombre del camino de hace más de 1,500 años entre Europa y China -que Marco Polo recorrió en 1295 desde Venecia a Constantinopla, a Ormuz y, a través del desierto de Gobi hasta Pekín para volver por mar a través de Malasia y la India hasta Africa y el Mediterráneo-, es hoy un poderoso mensaje a todos los pueblos del mundo.

Italia con sus puertos de Trieste en el Adriático –frente a la antigua Venecia-, de Palermo en Sicilia, y de Génova al pie de los Alpes, y el del Pireo, el antiguo puerto de Atenas, han sido los últimos en sumarse a la Ruta. Y en la costa Este del Adriático también Eslovenia, Croacia, Bosnia, Montenegro, Albania y Macedonia al norte de Grecia. Así como la isla de Malta al sur de Sicilia, en el centro del Mediterráneo. Ese es el primer corredor.

El segundo se halla en el Mar Negro y va aguas arriba del Danubio. A este corredor se han sumado Bulgaria, Rumanía, Serbia, Hungría, Eslovaquia, la República Checa y Polonia hasta el corazón mismo de Europa del Este. Desde su lanzamiento en 2013, China ha invertido en 16 países de Europa oriental 15 mil millones de dólares en autopistas y puentes, ferrocarriles, plantas térmicas, industria pesada y tecnología de comunicaciones. En la cumbre de Dubrovnik, Croacia, esta semana, el primer ministro chino, Li Keqiang, ha querido calmar la inquietud de la Unión Europea (UE), como lo hizo el propio Xi Jinping en marzo firmando contratos por miles de millones de euros con Francia. La Ruta de la Seda incluye ahora también a Portugal en el Atlántico, al puerto de Rotterdam en Holanda, y a Estonia, Letonia y Lituania en el Mar Báltico. Son 124 países alrededor del planeta hasta la fecha. La Ruta de la Seda unirá en el siglo XXI a 74 naciones de Asia, Europa y Africa.

Para volver al Océano Pacífico desde el Atlántico, sin embargo, la Ruta de la Seda debe atravesar Latinoamérica. Por varios corredores: uno en el Caribe y Centroamérica, donde el acercamiento de China a la República Dominicana y a  Panamá es visible. Los otros dos pasan por Sudamérica, por Brasil y el Perú. En la Ruta de la Seda, Chancay será el megapuerto de Sudamérica.

En Sudamérica, un corredor será por el Amazonas hasta Manaos, Iquitos y Yurimaguas en el Marañón para llegar al mar en Paita. El otro vendrá por tren –existe hace décadas, lo recorrí hace más de 40 años- desde Sao Paulo a través del Mato Grosso hasta Santa Cruz en Bolivia, y de allí por carretera a Cochabamba, La Paz y Puno para llegar al mar en Ilo.

Y Paita e Ilo estarán conectados por cabotaje con Chancay. La pieza clave es Chancay. El consorcio chino Cosco Shipping Ports y la minera Volcan firmaron en Davos (Suiza), meses atrás, un contrato para construir el megapuerto de Chancay para la conexión de toda Sudamérica con Asia. “Es una inversión de 3 mil millones de dólares”, ha anunciado el ministro de Economía. Chancay, con 17 metros de calado, es el puerto de aguas profundas de la costa de Sudamérica. Concentrará la carga que vendrá de China en embarcaciones Triple E, los barcos porta contenedores más grandes del mundo. Habrá en Chancay una zona económica especial donde Huawei ensamblará tecnología de comunicaciones.



Todo esto permitirá sacar la producción del Perú por tren, carretera y vías fluviales y cabotaje, y enviar la que viene de China a Sudamérica. Hacia China irán el cobre, el oro y el litio del Perú, de Bolivia y de Chile, junto con su nueva agricultura de exportación y la soya de Brasil.


Por esto es que China está financiando con préstamos toda la infraestructura de la Ruta de la Seda alrededor del globo. No importa a qué costo. Y Estados Unidos, la Unión Europa, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial están advirtiendo que los países deben tener cuidado con esos préstamos, que luego no podrán pagar. Es una velada referencia al peso geopolítico de China. El Gobierno de Pekín dice, por su parte, que la Ruta de la Seda “refleja la tolerancia, la apertura, la paz y el intercambio de experiencias y de cooperación”.

Es un dilema que tiene que ser considerado cuidadosamente. Los hechos están cambiando la geopolítica global y van a determinar el futuro. Esta es la decisión política principal que el Perú tendrá que tomar en el siglo XXI.


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lunes, 15 de abril de 2019

ESTA NOCHE domingo 14 abril 2019



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Tenaza del Terror


Jorge Morelli
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Estamos atrapados en la órbita del agujero negro. Desmanejamos las reformas, Las Bambas, la educación del sexo, nos enredamos contando dos gallinas -como dicen los colombianos- protestando porque no se respeta el debido proceso de la justicia cuando lo que tenemos delante es el Terror, que apunta a capturar el poder.

El Perú no es un pais cualquiera. Tiene gravedad propia, con sus cinco mil años de historia a cuestas. Pero su gravedad es anulada por la fascinación autocrítica. Su autoestima es destruida sistemática y minuciosamente. Un ser humano maltratado también se hace daño por mano propia.

El país está siendo llevado al agujero negro con un guión puesto en práctica muchas veces. Por Trotsky y Lenin en la revolución bolchevique, por Robespierre y Danton en la Revolución Francesa, por Savonarola en la Florencia de Maquiavelo. El libreto es el de la fabricación del Terror. Sirvió en Cuba con Fidel y la posterior exportación del castrismo a Chile con Allende, al Perú con Velasco, a Venezuela con Chávez.

El Terror emplea una tenaza. Las comunicaciones son el brazo principal. No importa si son redes sociales y televisión en una era, o diarios y rumores en otra. La manipulación de la información es de todos los tiempos. La diferencia en el nuestro –como vaticinaba Orwell- es la escala del Gran Hermano. Hoy se apodera del  paradigma de pensamiento de una generación, de una era. No se trata de la venta de una ideología. No funciona a nivel de la conciencia. Se trata del marco que engloba a todas las ideologías. Es el guión de la obra en la que somos actores sin saberlo, en la que creemos pensar y actuar libremente. Nadie lo percibe, como no percibe el pez el agua en que existe, porque no sabe otra cosa.

El signo del siglo XX fue la duda de la conciencia. Operaba a través del análisis critico. La empleó Freud para liberar a la mente de los fantasmas de la oscuridad, y Marx para crear una conciencia de clase proletaria. Hoy ya no hace falta una conciencia de clase para tomar el poder. El Terror ya no trabaja a nivel de la conciencia. Opera a nivel de las emociones. Gramsci lo sabía. Parafraseando a Descartes, el signo del siglo XXI es la sentencia “siento, luego existo”. Nos acecha un sentimentalismo enfermizo en los medios masivos. Incluso el periodismo político de hoy es un reality. El formato de la entrevista está muerto: el entrevistador es el protagonista, el entrevistado es una excusa y el show es el disfuerzo. De allí también, entonces, la desconfianza radical, la duda sistemática, la abolición de la empatía y la solidaridad.

La manipulación a través de los medios, con todo, no es sino la zanahoria delante del burro. Detrás se halla el palo del castigo.

El otro brazo de la tenaza opera a través del Estado, de la manipulación de la justicia, de la judicialización de la política. Opera a través del monopolio de la violencia física legal. 

Pero la esencia del Terror es la violencia mental.  


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jueves, 11 de abril de 2019

ESTA NOCHE miércoles 10 abril 2019



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Tirándole dinero al problema

Jorge Morelli
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Como dos gotas de agua son los bloqueos ocurridos simultáneamente en Las Bambas, Apurímac, y en la región de Aracataca, Colombia, cuna de lo real maravilloso.

Ambos son reclamos de pueblos andinos por causas distintas, pero similares. En ambos el Estado se echa la mano al bolsillo por un monto gigantesco buscando una salida. Solo hasta allí llegan los parecidos, sin embargo.  

La diferencia es la estrategia para resolverlos, que difiere como el día de la noche. En Colombia, el presidente Duque firma un acuerdo luego de 27 días de bloqueo en el que el Estado invertirá 256 millones de dólares en la zona. También el Estado peruano está comprando el resto de las tierras de la carretera de Las Bambas por 100 millones de dólares y metiendo otros 455 millones en asfaltarla,dentro de un plan total de 788 millones de dólares, segín informan las agencias de prensa al mundo.

La diferencia no está en el monto. Está en que mientras Colombia va a invertir ese dinero en salud y educación, el Estado peruano no lo va a invertir, va a gastar 100 millones de dólares entregándolos a familias comuneras y personas individuales, a pesar de lo ocurrido siete años atrás con el dinero entregado antes en sumas nunca vistas. No fue canalizado por los beneficiarios a la inversión en sus tierras y en agua, sino al consumo. Hasta que, naturalmente, agotado el dinero y recaidos en la pobreza los comuneros millonarios de la noche a la mañana, es hora de extender la mano por más dinero. Sin orientación a las familias comuneras respecto de cómo o dónde invertir, ¿qué otra cosa podía ocurrir? Son ellos los únicos responsables del despropósito? Claro que no. En su abrumadora ignorancia, el Estado no previó que no podía suceder cosa distinta. Y lo más descorazonador es que hoy, con este nuevo dinero, está a punto de repetirlo mientras Colombia, en sus narices, invertirá el diinero en salud y educación. 
 
Nunca se resuelve un problema echándole dinero.

En 1998 pregunté una vez al presidente Alberto Fujimori por qué en la Constitución del 93 no se había abierto el acceso de la tierra comunal al mercado libre. Su respuesta fue que eso habría condenado a las comunidades andinas y amazónicas a la desaparición por la venta masiva de sus tierras a vil precio. Antes de abrirlas al mercado, dijo, hay que poner en valor esas tierras, las punas de todo el Perú en manos de las comunidades, bastante más de dos millones de hectáreas desde Puno hasta Cajamarca.

Ponerlas en valor cómo, pregunté yo. Su respuesta: “sembrando agua y bosque” en ellas, dijo, para fundar una industria maderera y otra textil y ganadera de vicuñas y alpacas, y una tercera de turismo arqueológico. Luego podrían abrirse las tierras  al mercado sin temor. 

Retener el agua de las lluvias en la altura, en efecto, frenaría los huaicos y pondría, además, 10 mil millones de metros cúbicos –un lago Titicaca entero- dentro de la Cordillera de los Andes para regar desde las punas hasta los desiertos, combatir los efectos del cambio climático y cambiar para siempre la geografía del Perú.

Esto es lo que debió hacerse. Es lo que todavía debe hacerse en Las Bambas por una ínfima parte de lo que costaría asfaltar la carretera, y en toda la Sierra de los países andinos. Es en lo que este gobierno debería invertir esos cientos de millones de dólares que se prepara a echarle al problema sin resolverlo.        


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martes, 9 de abril de 2019

ESTA NOCHE lunes 8 abril 2019




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Valores de papel

Jorge Morelli
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La decisión de la Fed de subir cuatro veces las tasas de interés el año pasado tuvo exactamente las consecuencias que Donald Trump le advirtió a la Fed: la economía americana se ha desacelerado. Creció casi 3% el año 2018, como Trump prometió en su campaña, y hoy el pronóstico para 2019 está cerca del 2 %. 

La monumental equivocación de la Fed es la causa de la desaceleración de la economía al elevar no solo el costo del crédito a las empresas sino también el dólar y con el dólar fuerte abaratar y multiplicar las importaciones. Con ello, la Fed anuló el efecto de la rebaja de impuestos y los aranceles de Trump.

Son incontables sus daños. Ahora, el giro de política de su decisión de no volver a subir las tasas en el resto del año ha traido consigo el desplome del rendimiento de los bonos del Tesoro a 10 años. De pronto, la gente cae en cuenta de que esos valores son de papel, y se deshace de ellos.

El rendimiento de los bonos del Tesoro a 10 años cayó desde 3% en diciembre pasado hasta 2.38% el 27 de marzo. Subió luego a 2.5% el 1 de abril, donde se halla hasta hoy. Ha recuperado terreno, pero el daño está hecho.

Porque el rendimiento del bono a 10 años cayó por debajo del rendimiento del bono a tres meses. A este fenómeno le llaman pomposamente la “curva de rendimiento invertida”. Y el pensamiento mágico asocia inmediatamente que, si el fenómeno ha precedido seis recesiones en EEUU en los últimos 50 años, pronto habrá otra. Esas suelen ser profecías que se realizan a sí mismas. Hay pavor a la “inversión de la curva” y el miedo es contagioso.

 

Su causa es de nuevo la Fed, por provocar hoy una sobrerreacción como provocó otra ayer en el sentido opuesto. Es un posgrado caro el aprendizaje de la Fed.

 

No vamos a especular sobre si hubo intereses creados o motivaciones políticas tras la fallida política monetaria de la Fed. El hecho es que el presidente de EEUU –cuya palabra es hoy el último refugio del valor- ha exigido por primera vez en la historia a la Fed bajar las tasas de interés, porque sus acciones “han causado el enfriamiento de la economía”. Veremos si la desaceleración se detiene.

 

A veces las profecías pueden revertirse. La lección que no hay que olvidar es que, cuando el Oráculo de Delfos anuncia la ira de los dioses del Olimpo, de pronto todos toman conciencia de que detrás del valor puede no haber sino papel.

 


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domingo, 7 de abril de 2019

ESTA NOCHE domingo 7 abril 2019



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MEDIA COLUMNA
El botín que la demagogia
y la dictadura saquean


Jorge Morelli
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La tragedia de Venezuela comenzó mucho antes del chavismo. Así lo dicen las cifras, que muestran un deterioro progresivo, incesante, de su economía desde mucho antes de la aparición de Chávez y Maduro en escena. Es una comprobación desagradable, pero cierta y no se la puede esconder debajo de la alfombra. El chavismo y su hiperinflación de dos millones por ciento –la nuestra fue de siete mil por ciento- es entonces el desenlace final de una larga historia de décadas de demagogia que desembocaron en la dictadura.

Fidel Castro ambicionó desde 1959 apoderarse del petróleo venezolano para exportar el castrismo a toda Latinoamérica, pero fue la demagogia anterior lo que hizo de Venezuela una presa fácil. No dudo de que la noche oscura de Venezuela terminará pronto. Pero temo que le ocurrirá lo mismo que a nosotros: una transición no a la democracia aún, sino de vuelta a la demagogia que incuba el autoritarismo y la recaída en la demagogia.

Nuestra democracia peruana de baja gobernabilidad –nuestra versión actual de la demagogia- se debe a la grieta profunda en su arquitectura institucional: el equilibrio de poderes tiene un diseño fallido. El Estado, entonces, es incapaz de resolver los problemas de los peruanos y no garantiza ni la vida ni la libertad de sus ciudadanos y mucho menos la institución que es el cimiento de la economía: la propiedad.

Es hora de plantear una duda en voz alta. Me pregunto si existiría la dictadura en Venezuela si el petróleo no fuera de propiedad del Estado. Me pregunto también si habría existido la demagogia anterior a la dictadura si el petróleo no fuera de propiedad del Estado.

Y la pregunta se extiende a los recursos naturales del subsuelo en toda Latinoamérica. En el Perú, a los minerales bajo las tierras de las comunidades andinas y los casos emblemáticos de Las Bambas, Tía María y Conga.

Ya es un lugar común decir que en Estados Unidos el subsuelo y todo lo que contiene es del propietario del suelo. El que encuentra petróleo en su patio llama a la empresa petrolera y ambos firman un contrato. Pero aquí el subsuelo es del Estado, que concesiona el recurso natural a una empresa y ellos firman el contrato entre sí.

Es así todavía hoy desde que el Estado fracasó hace décadas en explotarlo directamente mediante una empresa estatal. No obstante, sigue firmando el contrato con la empresa privada. El poseedor del suelo, en cambio, no es propietario del suelo siquiera, porque el Estado no garantiza su propiedad. No le extiende un título ni ninguno de los requisitos que le permitirían a la comunidad negociar con la empresa de igual a igual.

Desde el fracaso de la reforma agraria 50 años atrás, la mayor parte de la tierra en el Perú sigue en un limbo, en la ambigüedad legal y la incertidumbre. Más aún las tierras comunales. Y lo mismo el agua. Es un ”patrimonio de la Nación”, pero sujeto a tutela estatal en la práctica. En suma, el Estado peruano no garantiza la propiedad ni de la tierra, ni del agua. Solo la del subsuelo, porque es su propiedad. Que el agua, la tierra y el subsuelo estén sujetos a este régimen inicuo es lo que hace del Estado un botín que la demagogia y la dictadura se turnan en saquear.

Es urgente institucionalizar una política pública para el libre contrato entre las comunidades y las empresas. Una política de Estado que garantice la propiedad de la tierra y su puesta en valor con agua mediante una participación bien regulada en la renta de la explotación del recurso bajo la tierra.

Solo cuando el Estado garantice la propiedad de los peruanos los recursos naturales dejarán de ser el botín que la política saquea.


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