lunes, 18 de marzo de 2019

ESTA NOCHE lunes 18 marzo 2019




ESTA NOCHE, donde usted se entera no de todo lo que ocurre, sino de lo que necesita saber.


MEDIA COLUMNA
Derrota final del 
radicalismo antisistema


Jorge Morelli
@jorgemorelli1
jorgemorelli.blogspot.com

El escenario es uno de dos orillas. La polarización ha hecho desaparecer el centro político.

En una de ellas están los radicales y su comparsa caviar de tontos útiles. Son los fabricantes del Terror para capturar el poder mediante la reelección. Politizar la lucha anticorrupción es la herramienta.

Pero tienen dificultades para articular una única candidatura para el 2021. Su tendencia natural es a la fragmentación. Aun así, se pondrán detrás de alguien de sus filas o del más cercano a ellas que haya logrado pasar a la segunda vuelta.

En la otra orilla, ha volado la santabárbara de la nave insignia de Fuerza Popular, y la gente pide un “Bolsonaro”, que ponga orden en la política para que la economía pueda crecer de nuevo.

Hay una gran novedad, sin embargo, y es que, por primera vez en la historia del Perú la clase media va a decidir el resultado de las elecciones del 2021. Con la llegada de una nueva clase media en estos años, esta ha alcanzado ya la masa crítica necesaria. La nueva clase media surgió de la pobreza en los años del crecimiento de la economía, que llegó a ser de 6 y 7 por ciento anual y hasta de 9 por ciento por una vez.

Pero eso ya quedó atrás. La desaceleración es lo real hoy. Tenemos un crecimiento mediocre de 3 o 4 por ciento, que no permite ya sacar a nadie de la pobreza y es insuficiente –he aquí lo más grave- para asegurar que no recaiga en ella una gran parte de los que habían salido. Nos lo advirtió Moisés Naim: hagan lo posible, dijo, para impedir que ese 40% que ha salido de la pobreza vuelva a caer en ella, porque los resultados políticos serán impredecibles.

En efecto, la clase media, que con esfuerzo logró comprar un departamento con hipoteca y un automóvil a crédito durante las vacas gordas, se ve en dificultades hoy para cancelar las cuotas al banco. Ya es consciente de que existe el peligro de recaer en la pobreza.

Entonces, ¿cómo votará el 2021 esa clase media amenazada si tiene que elegir entre las dos orillas?

No parece que vaya a estar en favor de cambios radicales en su mayoría. Ya sabe que es corrupción lo que eso incuba en favor de algunos privilegiados. Más bien estará a favor de que la economía retome cuanto antes el crecimiento para no perder el empleo, el auto o el departamento. Para eso, sin embargo, hace falta poner orden. Las elecciones del 2021, por lo tanto, van a convertir en favorito a un “Bolsonaro” local. Si conoce los temas y tiene capacidad de trabajo, mejor, pero lo esencial en una elección es el carácter.

El radicalismo antisistema ya sabe que no tomará el poder por la fuerza en el Perú. Fracasó con la derrota del  terrorismo. Pero se propuso un plan pérfido: infiltrar el Estado e impedir con una radical ofensiva antiminera, falsamente ambientalista, que en el Perú se inviertan los cien o cienticincuenta mil millones de dólares necesarios para terminar con la pobreza. Desde su orilla, no obstante, la izquierda comienza a avizorar hoy que esta segunda traición tampoco tendrá éxito.   

Es posible pronosticar, entonces, que las elecciones del 2021, en que el Perú cumplirá 200 años de existencia, serán el punto de inflexión en que la mayoría en un nuevo universo electoral derrotará para siempre al radicalismo antisistema.


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domingo, 17 de marzo de 2019

ESTA NOCHE domingo 17 marzo 2019



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MEDIA COLUMNA
Noticias de Leonardo

Jorge Morelli
@jorgemorelli1
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El 2019 se cumplen 500 años de la muerte de Leonardo da Vinci, en 1519.

Alrededor de este genio de la humanidad se tejen infinidad de ficciones sobre misterios y sociedades secretas. Y no es que falten anécdotas, puesto que dejó escritas hasta instrucciones de cómo sentar a un asesino en la mesa de banquetes y tuvo, junto con sus grandes diseños de ingeniería, algunos fiascos tragicómicos como su máquina de cortar berros, que terminó matando a una cantidad de sirvientes del duque de Milán, Ludovico Sforza, quien la usaría luego más bien para la guerra contra los franceses.  

Pero si hay algo misterioso en la obra de Leonardo es el uso constante de lo que su época llamó la proporción áurea.

Proporción áurea es la que se consigue cuando se divide un rectángulo en dos partes de manera que la relación proporcional entre la menor y la mayor es igual a la que existe entre la parte mayor y el todo. Aparentemente, el primero en describir que esta misteriosa constante aparece en la naturaleza fue el arquitecto e ingeniero romano Vitruvio en el siglo 1 a.c. Leonardo la dibujó en el Hombre de Vitruvio (al descubrir que la distancia entre la cabeza y el ombligo de un hombre guarda con la distancia entre el ombligo y el pie la misma proporción que esta última medida con la altura del hombre entero).

La proporción áurea no es, entonces, un invento caprichoso. Existe realmente en la naturaleza. También en la repetición de las proporciones de las volutas del caracol, un objeto hermoso por su simetría. Su diseño se repite constantemente cada vez siguiendo el mismo patrón de diseño en la misma proporción.

Los hombres del tiempo de Leonardo le llamaron proporción áurea porque asumían que esa repetición contenía un secreto del universo que había que desentrañar o, al menos, dejar la posta a las generaciones siguientes en mensajes cifrados. Esto es lo que Leonardo hizo en todos sus cuadros, que siguen las reglas del rectángulo que se divide en dos partes, que luego se divide en dos partes y así sucesivamente dentro de una proporción constante.

Hacía siglos para la época de Leonardo que los matématicos griegos habían precisado exactamente qué proporción es esa. Es la parte mayor dividida entre la menor. Da como resultado la constante 1.161803399… Este es el misterioso número griego que llamamos Phi (no confundir con Pi, la constante geométrica que vale 3.1416…). le llamamos Phi en honor a Fidias, escultor de los frisos del Partenón. El caracol en cada una de sus volutas crece en esa constante matemática.

Nosotros le llamamos la espiral de Fibonacci. Los números de Fibonacci son muy simples. El siguiente número en la serie es siempre la suma de los dos anteriores. La progresión es: 1, 1, 2, 3, 5, 8, 13, 21, 34, 55 y así sucesivamente al infinito. La tasa constante de su crecimiento es Phi.

Phi es entonces una clave de la naturaleza, que el arte imita. Aunque Leonardo quizá sospechaba que es la naturaleza la que imita al arte de su Creador. Son tal vez las noticias que nos dejó escondidas.    



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jueves, 14 de marzo de 2019

ESTA NOCHE miércoles 13 marzo 2019




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MEDIA COLUMNA
El peor escenario


Jorge Morelli
@jorgemorelli1
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Martín Vizcarra ha tomado la decisión politica crucial de su gobierno. Dado que la decisión es dejar de lado las reformas de la economía que el Perú necesita, estamos obligados a ponernos en el peor escenario.

Ignorando de plano el rumbo que eligió la mayoría absoluta de los peruanos que votó en el 2016 por defender el modelo económico que trajo al Perú 25 años de prosperidad, el presidente que heredó un gobierno interino ha entregado el timón de la nave a unos ingenuos fácilmente manipulables por el radicalismo antisistema.

Hacia donde sea que vaya este gabinete no será en ningún caso en dirección de las reformas que la economía peruana necesita. Olvidemos la legislación laboral, incluso la modificación de la aburda sentencia del TC que compensa el despido con la reposición en el puesto. Olvidemos la derogatoria de la norma que impide la gestión privada de las EPS. Olvidemos todo eso.

Hemos vuelto a un nivel mucho más básico. Preparemos el ánimo para una larga resistencia contra una reestatizacion de la economía en marcha desde hace ya algún tiempo en las AFP y otros frentes. La guerra por el modelo económico recomenzará.

La decisión política de Vizcarra de renunciar a las reformas anuncia, en la otra mano, su decisión política implícita de ir a la reelección.

La "interpretación auténtica" del caso dirá en su momento que no se le aplica la regla de la no reelección presidencial porque no fue elegido, y que este no es el mismo gobierno anterior sino uno distinto. Un gobierno, desde luego, que nadie ha elegido y que hará lo contrario del mandato que recibió el que fue elegido. Me pregunto ¿qué pensarán hoy los tontos útiles que derrocaron al gobierno “anterior” creyendo luchar contra la corrupción?

Vizcarra, Villanueva o Del Solar y su gabinete no son personas capaces de imponer una dictadura, son personajes ingenuos e inexpertos que ceden fácilmente a la ambición de un poder que otros manejan. Ante su renuncia anunciada a las reformas por las que votaron los peruanos, el objetivo político hoy es no permitir la reelección. No lo es, en cambio, derribar otro gobierno con el vacío de poder que eso conlleva y que ha incubado el engendro que ahora se vuelve contra lo que votó el pueblo.



ESTA NOCHE lunes 11 marzo 2019



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El aire del crimen

Jorge Morelli
@jorgemorelli1
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Arthur Rimbaud escribió en la segunda mitad del siglo XIX, en Una temporada en el infierno, unos versos proféticos desde la mirada del siglo XXI.

“Una noche senté a la belleza en mis rodillas. Y la encontré amarga y la injurié… Me revolqué en el fango de todos los vicios, me sequé con el aire del crimen”. Le apodaron “l´enfant terrible”. Tenía 19 años. Este entumecimiento del espíritu estuvo detrás también de los crímenes de guerra de la primera mitad del siglo XX. Hanna Arendt le llamó la banalización del mal.

Hoy ha alcanzado escala global, se ha contagiado al crimen urbano, a la violencia doméstica, a la discriminación contra las minorías. Ha ingresado a las estadísticas. La banalización de la violencia, de la corrupción, del crimen, están de moda. No se trata de mera indiferencia del espectador. Es indolencia del perpetrador, que no siente porque no tiene juicio, y justifica el crimen con banalidades. La culpa, si la hay, es de la víctima.

La otra cara de esa insensibilidad patológica ante el mundo real es el sentimentalismo desbocado en la realidad virtual, en los medios. “Siento, luego existo” debería ser el lema de la cultura del siglo XXI, parafraseando a Descartes. Si uno no “siente”, la realidad no existe, la víctima no existe. El aire del crimen seca.

Este parece ser el conflicto fundamental del siglo XXI, y no sus contradicciones secundarias. Esas son solo las de uso común, las que expresan el malestar y son solo un síntoma. “Clivajes” menores -contradicciones “secundariuchas” diría un limeñismo- son nuestras pequeñas, anticuadas disputas domésticas de derecha e izquierda u oficialismo y oposición. Como artificial es el forcejeo teatral entre políticos y sindicalistas que se oponen a reformar una economía para que alcance a todos, y empresarios que por años robaron al Estado con la conciencia tranquila porque el Estado robaba también. Prevalece el miedo a perder privilegios que alcanzan a muy pocos y que ambos defienden ferozmente, con la cara dura y mentiras sin escrúpulos. La banalidad del mal es el signo.

No nos engañemos, no somos independientes de esta contradicción fundamental del siglo XXI. Independiente es solo el que no sabe dónde está parado. Y no podemos pontificar sobre ética y tolerancia en este estercolero. Es una ingenuidad o una crueldad. Si no está a nuestro alcance absolver la contradicción fundamental de la cultura del siglo XXI, esa será la tarea de las generaciones que siguen en este u otro siglo. Un día reconocerán el marco que puede resolverla y verán entonces que siempre estuvo allí. Es la dialéctica de la historia.


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REPORTE DE NOTICIAS
Las siguientes notas periodísticas de política y economía han sido seleccionadas, editadas y ordenadas
temáticamente. No se las debe citar como tomadas directamente de sus fuentes originales, las mismas que se indican
sólo como una forma de reconocer el crédito y agradecer la cortesía.

 

martes, 12 de marzo de 2019

ESTA NOCHE domingo 10 marzo 2019





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MEDIA COLUMNA
Vizcarra ante la
incómoda disyuntiva


Jorge Morelli
@jorgemorelli1
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La renuncia de César Villanueva al Premierato era completamente innecesaria.

Nadie entiende cómo la bancada oficialista o ex oficialista o ex semi oficialista ha llegado a pensar que una crisis de Gabinete era indispensable para acaba con una tormenta en un vaso de agua.

Para matar moscas basta un matamoscas, no hace falta una silla. Esto pasa por andar mirándose el ombligo obsesivamente y querer descubrir a toda costa disputas terminales y pleitos a muerte donde estos no existen. Pasa cuando los niños están cansados y es hora de que vayan a dormir.

El problema es ahora que Vizcarra tendrá que nombrar a un nuevo Premier, y eso lo pone ante una prematura e incómoda disyuntiva.

Para cuando aparezca publicada esta columna es posible que se conozca ya la identidad del nuevo premier, que Vizcarra nombrará. Al respecto, sin embargo, no es difícil adelantar algunas premisas.

La caviarada, tonta útil del radicalismo antisistema no dejará de insinuar untuosa al oído del Presidente que no puede dejar de ir a la reelección (no importa si necesita una “interpretación auténtica”), porque es la oportunidad de consolidar la demolición de la clase política y tomar el poder con el pretexto de la lucha anticorrupción. De manera, concluirá, que es indispensable poner al frente del gabinete a alguien de sus filas o, mejor aún, a un radical disfrazado de caviar para que haya decisión a la hora de la toma del poder.

Si Vizcarra opta por esta vía, ya sabemos a qué atenernos. La batalla política final siempre será mil veces mejor que la chicha que fermenta.    

Al otro oído la voz de la sensatez se oye apagada desde la orilla opuesta. Si el Presidente desoye los malos consejos y nombra a un premier que lleve adelante las reformas que el país necesita, así sean impopulares, estará renunciando implícitamente a la reelección, pero el Perú le deberá mucho y le devolverá con creces la deuda más adelante.

Verse obligado por su propia gente a tomar en este momento la decisión política crucial de su vida cuando no era necesario, ha puesto al Presidente en un disparadero. Incómodo, mortificado con sus propias colaboradores, se ve forzado a decidir hoy implícitamente si va o no a la reelección. Si prefería seguir acariciando secretamente ese monstruito, ya no hay manera. Ha venido diciendo que no postulará, pero esos son ruidos que se lleva el viento porque ya nadie cree en las palabras. No tienen ningún valor. Son los actos los que hablan.

Y ahora, por sus actos, se halla en peligro de cometer el peor error posible, que es el de postergar la decisión. Puede no aceptarle la renuncia a Villanueva (y tragarse el sapo de pedirle que se quede, con el inevitable empoderamiento del premier que eso implica). O, peor aun, nombrar a alguien que no signifique nada respecto de la definición de rumbo que el país necesita.

Es el peor escenario, porque no se postarga la decisión política.
Pero estará renunciando implícitamente a la reelección.


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ESTA NOCHE miércoles 6 marzo 2019




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Retorno al futuro

Jorge Morelli
@jorgemorelli1
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Los bancos centrales de todo el mundo están acumulando sistemáticamente reservas en oro físico. Solo en el 2018 han comprado, se calcula, unos 27 mil millones de dólares de oro físico, que guardan en sus bóvedas.  Se dice que, de sus 65 mil millones de dólares de reservas, el Perú tiene unos 1,500 millones en oro físico. Tiene a la mano la posibilidad de comprar. El Perú produce oro.    

Pero China e India son los países que más reservas en oro acumulan. ¿Por qué lo hacen?

El cálculo es el siguiente: según estimaciones, si el oro llegara a valer más de 2,000 dólares la onza, China, cuyas reservas de oro son de 20 mil toneladas en manos del Estado (y otras 18 mil en manos privadas), podría darle respaldo en oro a su moneda, el yuan, cuyo circulante actual es de 7,15 billones de yuanes. Al precio del oro actual, el oro en poder de China alcanzaría para respaldar el 70% del circulante.

Es una especulación. Pero evidentemente el objetivo de China en el siglo XXI es que el yuan compita con el dólar en el mercado global como moneda de cambio y como reserva de valor.

¿Piensa que eso no puede ocurrir? Piense de nuevo. Ya ha ocurrido antes. Sucedió hace exactamente cien años cuando, al final de la Primera Guerra Mundial, el dólar desplazó progresivamente en el mercado mundial a la libra inglesa como moneda de cambio y como reserva de valor. Veinticinco años después, en 1944 en Bretton Woods, después de la Segunda Guerra, ese proceso se había completado y Keynes pudo fijar el dólar al oro (a razón de 35 dólares la onza). Los países del nuevo orden económico mundial fueron, digamos, “alentados” a mantener sus reservas en dólares y abandonar el oro.

El esquema trajo 27 años de prosperidad mundial. Hasta 1971, en que Nixon rompió el vínculo con el oro de Bretton Woods y dejó flotar al dólar a la oferta y la demanda en el mercado. De inmediato la onza de oro pasó a valer el doble, 70 dólares, o -lo que es lo mismo- el dólar pasó a valer la mitad. (Poco después, en represalia, los países árabes que recibían por su petróleo dólares que ahora valían la mitad, elevaron el precio del petróleo cuatro veces desatando la primera burbuja global, la monstruosa inflación de los 70 que no se detendría hasta Thatcher en el Reino Unido, Reagan en EEUU en los 80, y Fujimori diez años después en el Perú).

Casi cincuenta años más tarde, esa misma onza de oro de 70 dólares vale hoy 1,300 dólares en el mercado. El oro es el mismo, es el dólar el que vale veinte veces menos. 

¿Qué respalda hoy el valor del dólar?

Como la respuesta no es evidente por sí misma, los bancos centrales están retornando a guardar reservas en oro. Si la demanda se vuelve masiva, el oro subirá de precio. La oferta es limitada, además: se habla del agotamiento de las existencias de oro bajo la Tierra para el año 2034. Si el precio llegara a los 2,300 dólares la onza, estamos en el momento en que China puede anunciar que su moneda, el yuan, tiene oficialmente el respaldo del oro que ha acumulado silenciosamente durante veinte años en las bóvedas de su banco central.    

El retorno al patrón-oro –dentro de un esquema como el de Bretton Woods o algo similar usando bonos- probablemente va a ocurrir tarde o temprano. La pregunta es si lo hará China con el yuan antes de que lo haga Estados Unidos con el dólar.

Es, además, lo que la economía mundial necesita: el modo de detener las burbujas globales e impedir que su colapso recurrente siga causando estragos cada vez peores en la economía mundial. La destrucción masiva de riqueza la practicaban ritualmente algunos pueblos primitivosa, como en el potlach de los kwakiutl norteamericanos. Nosotros no podemos seguir haciendo eso.     

 


viernes, 8 de marzo de 2019

ESTA NOCHE lunes 4 marzo 2019





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MEDIA COLUMNA
Del bosque a la montaña

Jorge Morelli
@jorgemorelli1
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John Maynard Keynes es el padre de la conferencia de Bretton Woods que en 1944 ató el dólar al oro, creó el Fondo Monetario y el Banco Mundial, y lanzó a la economía global a un crecimiento jamás visto, apuntalado por la decisión política, que traería treinta años de prosperidad asombrosa al mundo entero.

Pero la receta resultó ser adictiva. Trajo aparejado un costo: el de la estatización de la economía y la demagogia política. Friedriech Hayek lo denunció ese mismo año de 1944 en Camino de servidumbre contra el comunismo y el fascismo, esas patologías del Estado. Hayek fundó la sociedad Mont Pelerin para difundir ese pensamiento. Este portal, Café Viena, lleva ese nombre en su honor. El argumento lo resumió él mismo en una entrevista publicada aquí: “el socialismo es imposible, porque presupone que una autoridad única puede utilizar todo el conocimiento disponible. Una vez que somos conscientes de que podemos utilizar el conocimiento de millones de hombres, queda claro que la suposición del socialismo simplemente no es correcta”. Son sus palabras.

Mucha agua ha pasado bajo los puentes entre Bretton Woods y Mont Pelerin.

Desde que en 1972 Richard Nixon cortara la atadura del dólar al oro establecida por Keynes en Bretton Woods, un oceáno de dinero cada vez más grande ha inundado la economía global y, una tras otra, han venido colapsando burbujas globales cada vez más grandes dejando cada vez mayores estragos. Hoy, los gobiernos de las economías desarrolladas –sin saber qué hacer ante los efectos de la última de las burbujas globales, la de 2008- se han embarcado en una cruzada para reactivar las economías con gasto público mediante reducción de impuestos y masiva inversión estatal en infraestructura. Un nuevo ciclo keynesiano, dicen, pese a que Keynes ató el dólar al oro para prevenir y advertir contra el descontrol monetario.

Los bancos centrales, encabezados por la Fed de EEUU, han tratado de controlar ese oceáno de dinero con un balde, con política monetaria. La Fed ya tiró la toalla. Ha cedido ante el poder político y el sentido común. Tendrá en adelante una política de “paciente” espera. No se atreve ya a subir la tasa de interés por temor a frenar el crecimiento. Ni podría. Habrá, pues, un nuevo colapso global. Es demasiado tarde para impedirlo con políticas monetarias.

La pregunta es qué haremos al día siguiente.

En lo que nos toca, si la Fed no sube la tasa de interés, tampoco subirá el dólar (ni los rendimientos de los bonos del Tesoro de EEUU). Subirán las bolsas, que reflejan el crecimiento de las empresas, y el cobre, que se mueve con ellas. El Perú vende cobre. Bolsas y cobre caerán, sin embargo, cuando las asustadizas aves del capital se espanten del colapso global. Entonces subirá el oro, que es el refugio donde se guarecen las aves hasta que se les pasa el susto. Del cobre y del oro vive el Perú. Del primero en las vacas gordas y del segundo en las flacas. Si cuando uno baja el otro sube, no le irá tan mal al Perú en otro eventual colapso global. Así ocurrió en el de hace una década.    

Nuestro problema es interno. En las economías emergentes en general la prudencia retrocede y la demagogia avanza desde hace años. En el Perú estamos resistiendo apenas el avance arrollador de la izquierda radical antiminera y su comparsa caviar de tontos útiles. Las reformas están detenidas. El gobierno intentó al principio del quinquenio relanzar el crecimiento con inversión pública. Descubrió que la inversión pública no responde. No conseguirá relanzar la privada mientras no restablezca la  gobernabilidad. El caso emblemático de Conga se repite hoy en Las Bambas. La principal mina de cobre del Perú tiene que sacar la producción por una carretera secundaria porque la principal está bloqueada. 

Con el colapso global veremos nuevamente una fuga masiva de capitales de las economías desarrolladas a las emergentes. Los veremos venir, como en 2008, pero esta vez no podemos desaprovecharlos. Necesitamos reformas masivas en salud y educación, en libertad para la economía y gobernabilidad para la decisión política. Es la última oportunidad.

Si el mundo desarrollado redescubre hoy a Keynes, nosotros necesitamos descubrir a Hayek. Si las economías desarrolladas se internan nuevamente en la oscuridad del bosque de Bretton Woods, escalemos la cumbre de Mont Pelerin. Allí hay más luz y se respira mejor.         



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