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miércoles, 9 de octubre de 2019

MEDIA COLUMNA miércoles 9 octubre 2019


MEDIA COLUMNA
Basta de llantos

Jorge Morelli
@jorgemorelli1
jorgemorelli.blogspot.com


La izquierda quiere una Constitución propia y para eso tratará de convertir el Congreso de año y medio en una asamblea constituyente. Lo que quiere es abolir el capítulo económico de la Constitución, el principio de que la iniciativa privada es libre. Por años nos hemos negado a considerar siquiera la cuestión. Ya no hay nada que temer. El cambio que haremos los peruanos es universalizar la propiedad.  

Vamos a otorgar plena realidad a la propiedad de la tierra en primer lugar, comenzando por la que se halla sobre los recursos naturales del país. Es la manera de desactivar el malestar detrás de los conflictos mineros que el radicalismo antisistema explota políticamente.

La propiedad de la superficie sobre los recursos es el doloroso foco central del problema. Bajo esas tierras hay cobre, litio, oro por valor de 800 mil millones de dólares bloqueados solo en el Péru. En el mundo son 150 billones de dólares (150 trillion dollars) que no pueden ser extraidos porque los que están encima no lo permitirán hasta recibir la tajada que creen que les corresponde equitativamente.

Los mineros modernos en todas partes han tenido que cambiar sus prácticas tradicionales para acomodarse a esta realidad. La noticia es que el Perú –que tiene el privilegio de ser el tercer país minero del mundo- puede alcanzarle al mundo una propuesta de solución para este problema. Y es un peruano, Hernando de Soto, quien viene explicando cómo hacerlo a escala global.  

Es simple. Hay que darle a la superficie un precio de mercado global. Y poner en valor luego también la periferia de esas tierras sembrando agua y bosque. Esa es la manera justa y equitativa de que quien ocupa el suelo obtenga la tajada que  le corresponde de la explotación del recurso del subsuelo. No la que dice él, no la que dice la empresa, no la que dice el Estado, sino la que dice el mercado: la libre oferta y demanda en el mercado global.

No en el mercado local. Porque en el mercado local la tierra no vale nada. Y si se la adquiere a vil precio, las empresas terminarán, como saben bien los mineros, comprando cinco veces la misma tierra sin adquirir la propiedad efectiva, real. 

No se trata entonces de que las empresas mineras paguen dos soles por el metro cuadrado de superficie mientras compran a dirigentes y periodistas locales y a,los propios ocupantes de la tierra con sumas de dinero que pronto demandarán nuevamente. Solo el libre contrato de igual a igual entre las partes –las familias o las comunidades y las empresas- puede dar una respuesta justa y equitativa.

Y en el instante mismo en que quien ocupa el suelo pueda comprobar que sus acciones suben y bajan en la bolsa junto con las de la empresa que extrae el recurso, será evidente para ambas partes que el conflicto redunda en perjuicio de ambas y la colaboración en beneficio de ambas. Solo entonces el radicalismo antisistema quedará vacío de todo contenido, sin sustento real ni base objetiva, y sus líderes fuera del debate político.   

Hace falta equidad para que pueda haber igualdad de oportunidades; libertad de la economia para que pueda haber creación de riqueza; y rediseño del equlibrio de poderes para que haya gobernabilidad y la democracia pueda por fin resolver los problemas y alcanzar el milagro de sostenerse en el aire en equilibrio sin desllzarse nunca más del lado del autoritarismo ni del de la demagogia populista.

El idioma de la propiedad es el que hay que hablar. Es la propiedad lo que hace posible la igualdad.

En las próximas elecciones parlamentarias, el radicalismo ansistema tratará de conseguirse una asamblea constituyente que cambie la Constitución por una a su medida. Hay que cambiarla para el pueblo. Hoy ya es un despropósito seguir esperando que vengan otros a poner las cosas en su sitio. Lo que viene es la madre de todas las batallas. Basta de llantos.


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