lunes, 9 de septiembre de 2019

MEDIA COLUMNA domingo 8 setiembre 2019




Donde usted se entera no de todo lo que ocurre, sino de lo que necesita saber.


MEDIA COLUMNA
¿Quién controla a
las Fuerzas Armadas?

Jorge Morelli
@jorgemorelli1
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Según revela Reuters, el consejo de Fidel a Hugo Chávez fue “garantizar el control absoluto de los militares”. De allí no hubo sino un paso a dos acuerdos firmados en mayo de 2008 que le dieron a Fidel el control absoluto de las fuerzas armadas de Venezuela.

El primero fue para redirigir el servicio de inteligencia venezolano a espiar a sus propias fuerzas armadas para “inducir miedo y paranoia”. Dos decenas de ex oficiales venezolanos revelaron a la agencia inglesa de noticias que, vestidos de uniforme negro, en el más clásico estilo fascista, los agentes informaban sobre la menor señal de deslealtad. El segundo acuerdo con Fidel autorizó a oficiales cubanos a “modernizar” el ejército venezolano. Los pasos fueron entrenar agentes de inteligencia en La Habana, reestructurar el ejército venezolano y reentrenar a los soldados.

Once años después, los servicios de inteligencia tienen unos 1,500 agentes operativos y hay entre 200 y 300 militares en prisión. El Banco Central de Venezuela ha financiado con millones de dólares los equipos de vigilancia y la base de datos para centralizar toda la inteligencia en una sola mano. En junio pasado, Reuters reportaba cómo la proliferación de oficiales de alto rango mantiene a los militares sometidos a la cúpula política. La represión, confiesan los líderes opositores, ha hecho que las fuerzas armadas sean impenetrables. Los intentos de la oposición de movilizar a los militares han fracasado. El diez por ciento de la población de Venezuela ha escapado del país.

Evidentemente, el control absoluto de los militares es el mecanismo que sostiene no solo al chavismo en Venezuela sino al castrismo en el poder en La Habana desde 1959, hace sesenta años. Desde hace once, mediante el control directo del petróleo de Venezuela del que vive La Habana desde el colapso de la Unión Soviética. Desde el 2000, precisa Reuters, Venezuela ha enviado a La Habana unos 55 mil barriles diarios de petróleo, el equivalente a 21 mil millones de dólares en 20 años.

Nada de este modus operandi descrito con casos específicos con nombre propio es especulación. Todo está  documentado y apoyado en versiones citadas por la agencia inglesa.

Ahora bien, la pregunta obvia es si es posible que exista en el Perú algo similar en operación. Y la respuesta es que eso es virtualmente imposible en este momento. Las Fuerzas Armadas en el Perú no están infiltradas por inteligencia de La Habana y Caracas. Pro al momento esta sí parece orientarse a operar a través de la influencia de Evo Morales sobre algunos gobernadores del Sur del Perú.

En otras palabras, el modus operandi descrito por Reuters es el manual de cómo mantenerse en el poder una vez capturado. Pero aquí estamos en una etapa previa. Aquí el enemigo que toca las puertas tiene que capturar el poder aún. Y lo está intentando mediante el alzamiento antiminero para echar mano de los recursos naturales del Sur para el siglo XXI –el cobre, el litio y el agua-, ahora que ve lllegar la pérdida del petróleo de Venezuela.

No puede descartarse que la próxima semana se intente una asonada alrededor de la convención minera de Arequipa. Pdro no hay que luchar contra el enemigo equivocado. La captura del poder manipula a la opinión pública para conseguir el levantamiento popular en defensa de una supuesta reivindicación popular. La de los gobiernos regionales contra las empresas mineras del sur del Perú es una falsa reivindicación. Solo hay que desnudarla.



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Las siguientes notas periodísticas de política y economía han sido seleccionadas, editadas y ordenadas
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miércoles, 4 de septiembre de 2019

MEDIA COLUMNA miércoles 4 setiembre 2019





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MEDIA COLUMNA
¿Quién controla la agenda?

Jorge Morelli
@jorgemorelli1
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Terminado el diálogo -por hoy- solo el presidente del Legislativo, Pedro Olaechea, informó de los pasajes secretos del laberinto. Y lo hizo de manera telegráfica.

En resumen, primero estableció que el diálogo continuará y, al parecer, sine die. Quedó flotando la sensación de que el diálogo se convertiría en lo sucesivo en una instancia de comunicación y negociación permanente entre ambos poderes del Estado.

En segundo lugar, el congresista Olaechea informó sobre la agenda acordada para el diálogo en las futuras reuniones. Se trata de dos agendas, en realidad, según precisó. El orden entre ellas es importante.

En la primera menciónó la productividad –se entiende que se trata del plan de Competitividad y Productividad, que el gobierno acaba de presentar precisamente ayer y que ha impresionado favorablemente al empresariado-. El presidente del Congreso se refirió en el segundo lugar de la primera agenda a la seguridad ciudadana, y en el tercero a la reconstrucción del Norte. Es la agenda económica.

Solo en segundo lugar aparece la otra agenda. Y dentro de esta segunda agenda el tema tabú: el adelanto de elecciones, que conlleva la renuncia presidencial adelantada y la autodefenestración del Congreso. Es la agenda política.

Si el orden propuesto por Olaechea de las dos agendas se mantiene, solo luego de concluir con los tópicos largos de la primera agenda se entrara en materia de la segunda. De esta manera el diálogo puede continuar idefinidamente. En este caso, la meta es el camino al mismo tiempo.

Pero el diálogo puede también concluir de inmediato, ya que, según dijo el propio presidente del Congreso, “el proyecto del recorte del mandato presidencial y congresal, debe ser tratado con la mayor prontitud”. También el premier Del Solar ha dado a entender al final de la reunión que el  diálogo ha resuelto darle prioridad al tema del adelanto. En otras palabras el oreden de los factores altera el producto. Si la agenda política pasa primero, la agenda eonómica se quedará para vestir santos.

No obstante, uno tiene la sensación de que el congresista puede haber llevado a Palacio una carta bajo la manga, alguna clase de propuesta a la que el mandatario no ha dado respuesta de inmediato, que aún necesita meditar y que las partes tendrán que negociar. 
   
Demasiado depende aquí de la buena voluntad de las partes. Y el hecho frío es que la calidad de las personas –por mucha que sea- rara vez puede subsanar las carencias de las instituciones. Dadas las enormes limitaciones y fallas de la arquitectura de nuestra democracia de baja gobernabilidad, ya es un mérito que esta primera reunión no haya terminado a capazos.

El Congreso ha movido su ficha, y es el turno del Ejecutivo. La jugada que venga a continuación será la que revele quién tiene el control de la agenda o, lo que es lo mismo, de la prioridad entre ambas.



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lunes, 2 de septiembre de 2019

MEDIA COLUMNA domingo 1 setiembre 2019



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La trampa del noble Bruto

Jorge Morelli
@jorgemorelli1
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Francia ha tenido cinco repúblicas. Recién en la Quinta alcanzó un equilibrio de poderes razonable. Es hora de comprender que debemos hacer lo mismo: nuestra democracia de baja gobernabilidad necesita un rediseño en su equilibrio de poderes, mal balanceado desde el primer día de la existencia de la República, hace 200 años.

San Martín y Bolívar lo sabían muy bien. Por eso este último recetaba en el Discurso de Angostura que, si se quiere tener una república, hay que encontrar el modo de equilibrar el enorme peso del Congreso con el poder del Ejecutivo. Pese a la advertencia, nosotros elegimos el combo equivocado: ser una república y darle el mayor poder al Congreso. Y la anarquía los devoró a ambos. Es lo que hoy ocurre nuevamente.

Arrastramos este desequilibrio de poderes que ha incubado nuestra democracia de baja gobernabilidad incapaz de resolver los problemas. El pueblo, entonces, detesta al Congreso, símbolo de la anarquía, el villano al que hace responsable de la ingobernabilidad.

Por lo mismo, no hay que caer en la mala trampa narcisista de Marco Junio Bruto, quien creyó salvar a la república de Roma asesinando a Julio César. Al noble Bruto el pueblo romano se le fue encima. Lección: no es necesario defender el statu quo reaccionario de una república que el pueblo detesta creyéndola la última trinchera de la democracia, en lugar de corregir la falla evidente en su arquitectura institucional y rediseñar el equilibrio de poderes. Francia lo consiguió recién en 1958.
 
Esta misma vleja enfermedad crónica que hace recrudecer una y otra vez el conflicto de poderes en nuestra democracia es la que hoy asoma una vez más, y solo a los desavisados les parece nueva. Décadas atrás, el golpe de Estado tradicional solía interrumpir el proceso. Hoy continúa hasta la putrefacción y desemboca en la anarquía.

Es fácil imaginar cómo puede evolucionar mal el proceso hoy. El Presidente ya ha anunciado que su propuesta de adelanto de elecciones “no es negociable”. Si persiste en ello contra todo buen consejo, el gobierno hará cuestión de confianza de su proyecto de referéndum. Sofistas diligentes, los constitucionalistas se dividirán en dos bandos que tomarán posturas opuestas sobre la constitucionalidad de la cuestión de confianza en esta materia. Apoyándose en los suyos, el Congreso rechazará la confianza (el TC ha precisado que no puede rechazar el proyecto como tal). Respaldado por sus propios sofistas, el gobierno declarará entonces al Congreso constitucionalmente disuelto. Este se atrincherará en el Hemiciclo ante una disolución que considera inconstitucional y, acto seguido, declarará la vacancia de la Presidencia de la República por segunda vez en este quinquenio desamparado por los dioses.

Ya no es una tragedia, es un sainete. Cualquier día despertamos para saber que el Estado peruano ha dejado de existir, ya que el Congreso dice que la Presidencia ha vacado y el Ejecutivo que el Congreso está disuelto. Dos gladiadores ancianos se han asesinado mutua y simultáneamente en la arena para regocijo del pueblo que ruge en las graderías porque ya era hora de que acabara este grotesco e innoble espectáculo.

El buen escenario, en la otra mano, es que el Congreso saque un as de la manga y presente al Presidente una propuesta que este no pueda rechazar. Y que entre ambos metan luego en un cajón todos estos despropósitos -el adelanto de las elecciones, la disolución del Congreso y la vacancia presidencial- le pongan candado y boten la llave.

Solo así comenzarán a prestar atención al verdadero enemigo que en el Sur toca las puertas y amenaza con capturar el poder en el Perú.    


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sábado, 31 de agosto de 2019

MEDIA COLUMNA miércoles 28 agosto 2019




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Soros y el Foro

Jorge Morelli
@jorgemorelli1
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Ante el enemigo que toca las puertas no basta una estrategia defensiva de la Constitución y la República. Hace falta pasar a una estrategia ofensiva.

Lo primero es identificar correctamente al enemigo. Las guerras se pierden por luchar contra el enemigo equivocado. 

La estrategia ofensiva debe asumir la realidad. Todo indica que tres gobiernos regionales del Sur se han convertido en aliados políticos de Evo Morales –poco importa si a sabiendas o no- y de un plan para hacerse del control de los recursos naturales del Sur -el cobre, el litio y el agua- que necesita la fabricación masiva de autos eléctricos para el mercado global del siglo XXI. Evo Morales, a su vez, es un aliado confeso del Foro de Sao Paulo, de Caracas y de La Habana.

En la otra orilla se encuentran Brasilia, Santiago, Bogotá y Quito. El Perú es el centro del tablero. A 200 años de la Independencia, la batalla final volverá a tener lugar en el Sur del Perú.  

El presidente del Congreso, Pedro Olaechea, ha tenido hace muy poco la lucidez de denunciar en entrevista televisiva la existencia de un “juego político internacional” financiado desde el exterior. Incluso ha mencionado con nombre propio a George Soros. Nunca antes la cabeza de un poder del Estado en el Perú se había pronunciado sobre el enemigo que toca la puerta.

No son idénticos los objetivos del Foro de Sao Paulo y del oscuro financista que hizo su fortuna atacando a la libra esterlina para quebrar al Banco de Inglaterra. Pero son concurrentes. Se enfrentarán entre sí en el largo plazo, pero por el momento son compañeros de ruta.

Hay que conocer a Soros. El Banco de Inglaterra -fundado en el siglo XVII, cimiento de la economía del Imperio Británico en el XIX y banco central del Reino Unido hasta hoy- no es un banco central más, es el símbolo del Estado nacional por excelencia. Esto es lo que el estratega financiero ataca deliberadamente mediante la especulación de precios de los recursos naturales, como los nuestros. Sin duda tiene un interés económico en el precio del cobre y del litio, pero más allá su apuesta fundamental es de naturaleza política: cree que el Estado nacional como tal es una institución histórica acabada y que son los grupos étnicos –como el aymara- las células básicas de la sociedad humana del futuro. El hecho, sin embargo, es que existen unos 200 Estados nacionales en el mundo, y cinco mil grupos étnicos que anhelan serlo.    

El Foro de Sao Paulo y sus aliados, en cambio, no buscan la desaparición del Estado nacional. Todo lo contrario, buscan consolidar su presencia monopólica en la economía y apoderarse del Estado. Su proyecto político consiste en que el Estado explote directamente los recursos naturales. La Habana sabe que va a perder muy pronto el control del petróleo de Venezuela, y ha decidido dar su última batalla política por el control de los recursos naturales del Sur. Para eso necesita capturar el poder en el Perú. Empleará luego la renta de esos recursos para mantenerse en el poder. Para esto es la narrativa eufemística sobre un supuesto “post extractivismo”.

Los proyectos del Foro y de Soros están en conflicto en el largo plazo, pero no en lo inmediato. Soros cree usar al Foro para destruir el Estado nacional y el Foro lo usa a él para relanzar la enésima aventura estatista. Son como Trotsky y Stalin, como Guevara y Fidel. Uno impersona al héroe revolucionario, el otro es el político reaccionario que luego “traiciona a la revolución” y se deshace del “héroe”. Pero no interesa aquí y ahora, por último, cuál de los dos socios políticos prevalecerá sobre el otro. Lo que hace falta es dejar sin oxígeno la conspiración contra el Perú, y la forma de hacerlo es conseguir que la opinión pública peruana tome plena conciencia de la identidad exacta del enemigo en las puertas, y del peligro en que se encuentra.
    

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martes, 27 de agosto de 2019

MEDIA COLUMNA lunes 26 agosto 2019




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Dos curvas juntas

Jorge Morelli
@jorgemorelli1
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Conviene despejar un malentendido que genera temor ante una nueva política pública sobre la minería, que se exprese en la Ley. Tal vez incluso  en la que el gobierno prepara, alternativa a la de los gobiernos regionales del Sur, que pretende entregar los recursos a los gobiernos regionales.

Algunos mineros importantes están convencidas de que es un objetivo de los liberales aplicar en el Perú el marco legal vigente en Estados Unidos, que entrega al dueño de la superficie la propiedad de los recursos del subsuelo. Esto es inviable y nadie lo propugna en el Perú. Menos que nadie la izquierda, cuyo objetivo es que el Estado monopolice la propiedad de los recursos naturales del subsuelo para apoderarse de ellos capturando el Estado.

Pero se necesita un cambio. Y el mejor es el que propone darle un valor de mercado global a la superficie de tierra sobre los recursos naturales. Hay empresas mineras en el Perú, incluso algunas grandes, que están, sin embargo, en la negación de la realidad. Se aferran a un estado de cosas que ha desaparecido y se oponen a todo cambio, incluso a este.

A lo sumo se avienen, de mejor o peor gana, a financiar el apaciguamiento de quienes controlan la superficie -comunidades u otros- ya sea repartiendo dinero –el peor error posible- o mediante la generosa prestación de servicios sociales, la participación en la renta o incluso la propiedad accionaria. Todas estas formas de convenio, sin embargo, no hacen sino ganar tiempo -o perderlo, más bien- sin ver lo que se incuba.

Las empresas mineras en el Perú, nacionales y extranjeras, no están solo ante poblaciones irritadas. Se hallan ante un plan político perfectamente instrumentado desde el exterior -con inteligencia y recursos ilimitados- para capturar el poder y hacerse del control de los recursos naturales del Perú para el siglo XXI.

Los mineros saben por experiencia que quienes controlan la superficie -comunidades o no- son sus aliados antes que sus rivales. Que, si los mineros informales les disputan la tierra sobre los recursos, lo hacen para arañar luego la superficie apenas, sin capital para explotar los recursos plenamente.

Existen numerosos casos de éxito del libre contrato entre las comunidades y las minas. Pero son provisionales. La verdadera soñución solo llegará cuando los que controlan la superficie puedan ver, incluso en la pantalla de sus celulares, que las acciones de su tierra suben junto con las de la empresa que extrae el recurso si la producción avanza, y que ambas caen juntas si la producción se detiene interrumpida por un paro político. Entonces es cuando terminan para siempre los planes de capturar el poder.  

Todo el secreto estriba en que esas dos curvas vayan juntas. Y eso solo ocurrirá cuando la superficie tenga un valor de mercado global tal como lo tiene el recurso debajo de ella. Cuando los mineros en el Perú –formales e informales- comprendan esto, podremos movernos por fin hacia una política pública de libre contrato entre la superficie y el subsuelo y entre las comunidades y las minas.


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lunes, 26 de agosto de 2019

MEDIA COLUMNA domingo 25 agosto 2019




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Silencio en el
centro del diálogo

Jorge Morelli
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¿El Plan del Congreso es vacar la Presidencia en julio de 2020? En el último año del quinquenio la Constitución prohibe disolver el Congreso y en julio de 2020, entonces, desaparece la espada de Damocles sobre el Legislativo y el gobierno queda a su merced. Martín Vizcarra está obligado a suponer que para entonces su popularidad puede no ser la de hoy y que el Congreso puede vacar la Presidencia por segunda vez en el quinquenio. Para terminar así, el Presidente prefiere tirarse por la borda y llevarse al Congreso consigo. Lo hizo Alberto Fujimori en el 2001. Por eso plantea adelantar las elecciones.

Martín Vizcarra ha colocado el tema en el centro del diálogo que se avecina con el presidente del Congreso, porque el adelanto no le resulta negociable. A lo sumo puede dejar de lado el referéndum que propuso si el Congreso se compromete a aprobar el adelanto de elecciones vía reforma constitucional en dos legislaturas. Vizcarra ha dicho ya en entrevista que espera una propuesta del Congreso. Esta es, evidentemente, la propuesta que espera. 

Asi las cosas, el diálogo con el presidente del Congreso no hará daño alguno, pero hay que preguntarse realistamente qué es lo que se puede esperar de él. Pedro Olaechea no puede comprometer a la bancada de Fuerza Popular, menos al Congreso entero, a aprobar el adelanto de elecciones por decisión propia. Puede trasladar la propuesta, pero ¿es esta aceptable para la oposición? El compromiso implica renunciar a la vacancia y, para aceptarlo, la oposición necesitaría un incentivo seductor, una propuesta que no pueda rechazar. El peligro es el de un arreglo bajo la mesa entre gobierno y oposición a espaldas de los peruanos, una repartija en la que -otro gobierno y otro Congreso mediante, de solo un año- queden todos -congresistas y mandatario actuales- habilitados para postular en el 2021. A la ciudadanía le interesa tener la seguridad de que esto no estará en la agenda del diálogo.

Lo que necesita haber en la agenda, en cambio -y corre el riesgo de no estar-, son los otros diálogos del gobierno con las regiones del Sur. Salta a la vista que ninguna de las partes en ellos -ni los mineros, ni los pobladores, ni el gobierno- tienen una propuesta que no sea una lista de lavandería de reclamos cuya solución en el mejor de los casos no impedirá que el conflicto rebrote. No hay hasta la fecha un tercero empoderado que pueda avanzar una propuesta que las partes hagan suya. En estas circunstancias, lo mejor que el gobierno puede hacer por el país y en su propio beneficio es despolitizar el diálogo saliendo de él para permitir que las regiones debatan sobre la propiedad de la tierra encima de los recursos naturales y no sobre una supuesta soberanía de las regiones sobre ellas, que la presencia del gobierno central despierta.

Tanto más si, hasta el momento, el diálogo entablado por el Presidente con las autoridades regionales no ha hecho sino sembrar dudas sobre lo que el gobierno se propone respecto de lo que el propio Olaechea ha llamado en entrevista un peligroso “juego político internacional” financiado desde el exterior para especular con los precios de los recursos naturales del Perú.

El presidente del Congreso debe colocar este asunto en el centro mismo del diálogo con el mandatario, antes y por encima incluso del tema del adelanto electoral, que no es sino la expresión más exterior y superficial del silencio que crece como un cáncer en el centro del diálogo con los pueblos del Perú.


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jueves, 22 de agosto de 2019

MEDIA COLUMNA miércoles 21 agosto 2019





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Véndeme Groenlandia

Jorge Morelli
@jorgemorelli1
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Donald Trump ha ofrecido a Dinamarca comprarle Groenlandia.

Según el Wall Street Journal, Harry Truman le ofreció a Dinamarca pagarle cien millones de dólares en oro por Groenlandia en 1946. Hoy el precio equivalente, según calculo de Market Watch, sería de 1,300 millones de dólares (obviamente, porque una onza de oro vale hoy alrededor de 1,500 dolares). Pero Dinamarca no vende.

Lo primero que llama la atención es que el patrón oro acordado en 1946 en Bretton Woods por consejo de Keynes se fijó al dólar –fue un patrón dólar, al cambio de 35 dolares por onza- y no al “bancor”, la moneda mundial que Keynes soñaba. Keynes aceptó porque EEUU se comprometió a sostener el patrón oro. Y al cabo no respetó su palabra.

La onza de  oro pasó a 70 dólares en 1971 cuando Nixon quebró el patrón oro y dejó flotar el dólar en el mercado por consejo de Milton Fríedman. Supuestamente, la palabra del Presidente bastaría como respaldo del dólar ya sin vículo con el oro.

El resultado es que la onza de oro vale hoy 20 veces más que en 1946. En realidad, es el dólar el que vale 20 veces menos. Y, cuando colapsan las burbujas globales, la devaluada palabra del presidente de EEUU sigue siendo el último refugio, pese a que vale 20 veces menos.

¿Por qué Groenlandia? Porque hay tierras raras, el insumo para fabricar desde celulares hasta tecnología militar para el siglo XXI, y sobre cuya producción China tiene un virtual monopolio global. De manera que acceder a esas tierras raras es estratégicamente vital para EE.UU. 

¿Por qué es difícil comprar Groenlandia, sin embargo? Porque hay involucradas cuestiones de soberanía, y no solo de propiedad. Existiendo soberanía, danesa en este caso, no puede formarse un precio de mercado para Groenlandia.

Esto es exactamente lo mismo que ocurre con la superficie sobre los recursos naturales del planeta. Hay 150 billones de dólares en el mundo y 800 mil millones de dólares en el Perú bloqueados por una deliberada e interesada confusión entre propiedad y soberanía. Entre ellos el oro, que no se devalúa como el dólar y como la palabra empeñada.

Pero la propiedad no puede consolidarse allí donde se la confunde con una soberanía.

La solución es simple. Son dos planos distintos que pueden superponerse sin problemas. El Estado peruano, por ejemplo, es propietario privado de un terreno bajo soberanía chilena -el Chinchorro en Arica-, como el Estado ecuatoriano es propietario privado del kilómetro cuadrado de Tiwinza bajo soberanía peruana. Y todos en paz. Siguiendo el mismo principio, EEUU podria ofrecer comprar Groenlandia manteniéndola bajo soberania de Dinamarca (aunque le resultara complicado manejarse con la legislación danesa ya que, según la ley estadounidense, el propietario del suelo es dueño del subsuelo).

En cuanto a nosotros, la confusión deliberada e interesada entre soberanía y propiedad ha originado el bloqueo de los recursos naturales. 

En algunas comunidades el precio de la propiedad de la tierra es uno y el del "posicionamiento en la comunidad" –la sombra de una especie de soberanía comunal- es otro, que proviene del régimen constitucional de la propiedad comunal de la tierra. Pero es un caso sui generis, único en su especie.

Existe la soberanía del Estado nacional, como la nuestra sobre Tiwinza o la de Dinamarca sobre Groenlandia. Lo que no existe, en cambio, es una soberanía regional que los gobiernos regionales reclaman como propia para impedir darle un valor de mercado a la propiedad de la tierra que se halla sobre los recursos naturales.     


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