miércoles, 30 de mayo de 2018

ESTA NOCHE miércoles 29 mayo 2018




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MEDIA COLUMNA

Jorge Morelli
@jorgemorelli1 
jorgemorelli.blogspot.com


El gobierno proclama que ha transferido a las regiones cinco veces más dinero del que pidieron. El presidente Vizcarra precisa que, en la primera reunión que tuvieron las regiones con el gobierno, ellas pidieron 1,250 millones de soles y el gobierno les ha entregado 6,300.

El Presidente añade con orgullo que esta decisión se debe a la “mirada descentralista” de su gestión.

Esa "mirada", sin embargo, es producto de la ideología. No nace de una estimación seria de las probabilidades en la mente de un ingeniero, sino de una apuesta de fe política nacida de la desesperación.

Las regiones tienen un récord de ejecución del gasto similar al del gobierno central, que no suele alcanzar las tres cuartas partes de lo presupuestado. ¿Cómo puede el gobierno creer que las regiones van a ejecutar cinco veces más de la noche a la mañana?

Semejante suposición solo puede ser producto de una premisa ideológica: que el cuello de botella del desarrollo del país nace de la deliberada limitación de las partidas que el gobierno central transfiere al interior, cuyas potencialidades están maniatadas por una torpe decisión política fundada en intereses económicos.   

La experiencia histórica desmiente esa suposición, categóricamente. ¿Cómo cree el gobierno, si no, que se originó la mega corrupción en las regiones -recuérdese Ancash- cuando se transfirió a las regiones de un año a otro la enorme mayor parte del presupuesto durante el segundo gobierno de Alan García?

El motivo entonces fue el miedo y el motivo hoy sigue siendo el miedo. El temor en aquel entonces a que la economía se parara por el colapso de la burbuja global de 2008. El miedo, hoy, a que se responsabilice al gobierno de ser incapaz de destrabar lo que el gobierno anterior no pudo destrabar. Su “mirada” es tan corta de vista que no alcanza más allá del gobierno anterior.

El hecho es que una entidad -ya sea pública o privada- tiene una determinada capacidad de absorción y ejecución de inversión, y eso no se improvisa. Si se sobrepasa ese límite, habrá corrupción o malas inversiones o ambas.

De la “mirada descentralista” no va a salir lo que el gobierno espera. Desgraciadamente, la regionalización de Toledo y García es una descentralización fallida. Siempre lo fue. Este gobierno pareció proponerse al principio una reforma seria de la descentralización, que supone recuperar el equlibrio interno del poder Ejecutivo entre los tres niveles de gobierno: local, regional y nacional.

Esa idea, si acaso la hubo, quedó enterrada en la primera reunión con las regiones. La transferencia masiva a las regiones de recursos cinco veces mayores a los solicitados por ellas prueba que el gobierno tiró esa reforma al tacho y apuesta ahora por un milagro. A la luz de la experiencia, no es ya un acto de ingenuidad sino de negligencia.



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