jueves, 28 de febrero de 2019

ESTA NOCHE miércoles 27 febrero 2019



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MEDIA COLUMNA
En Venezuela terminan
60 años de historia  


Jorge Morelli



El último capítulo comenzó cinco años atrás, en marzo del 2014, con la llegada de Sebastián Piñera nuevamente a la presidencia de Chile. Una golondrina no hace verano, sin embargo. Le siguió quince meses después Mauricio Macri, en la presidencia de la Argentina desde diciembre del 2015. Un intervalo demasiado largo, sin embargo, para hablar de una tendencia.

El punto de inflexión ocurrió un año después con la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca, en enero del 2017. Pronto siguieron dos más. Lenín Moreno en Ecuador en mayo del 2017 pareció al principio un herefero de Rafael Correa, en el poder desde enero del 2007. No lo era. Y luego Mario Abdo en Paraguay, desde abril del 2018. La tendencia tomaba forma.

Pero faltaba la definición crítica del hermano de Venezuela. En mayo del 2018 la llegada de Iván Duque a la presidencia de Colombia definió la tendencia. Aún faltaba, pese a todo, Brasil, el partido de fondo por su peso específico en la balanza de poder de Sudamérica. Cuando Jair Bolsonaro asumió la presidencia en enero del 2019 terminó la espera. La piezas estaban todas en su sitio. Era el momento.

Veinte años han pasado desde que Hugo Chávez llegó a la presidencia de Venezuela en febrero de 1999. Quince desde que Lula da Silva tomó el poder en Brasil en enero del 2003 para seguir luego de 2010 a través de su protegida Dilma Rousseff hasta la caída del régimen en el centro del lodazal de la corrupción sudamericana. Doce años, seis meses y quince días estuvieron los Kirchner en el poder en la Argentina desde que Néstor llegara en el 2003 hasta el descalabro final de Cristina Fernández, en el 2015.

Todos devorados por la corrupción de la izquierda del Foro de Sao Paulo.

Solitario queda Evo Morales en Bolivia en lo que por línea de carrera en la política andina sabe hacer mejor que nadie: sobrevivir. Hoy es aliado de grandes capitales europeos y chinos para la explotación en gran escala del litio boliviano que alimentará baterías de autos eléctricos en el siglo XXI. Irónicamente, el más humilde de todos ellos, los grandes izquierdistas latinoamericanos, les da una lección política. Como Víctor Paz Estenssoro hace medio siglo. En el gobierno de México desde diciembre del 2018, Andrés Manuel López Obrador haría bien en aprender la lección del humilde político sudamericano.   

Pero hoy es el momento de la decisión política final: la caída del régimen de Chávez, de Maduro, de Diosdado. Es el descabello. Venezuela ha esperado veinte años. Estamos presenciando su desestabilización económica y su aislamiento político. Ya falta poco.

Pero es solo el capítulo final. La historia no comenzó hace veinte años en Venezuela, sino sesenta años atrás en Cuba, con la captura del poder por Fidel Castro en enero de 1959. Fue Castro quien diseñó y ejecutó la exportación del castrismo a toda Sudamérica. Por eso Allende, por eso Velasco, por eso Chávez. Usar el petróleo venezolano fue su objetivo desde siempre. Cuando hace veinte años logró echarle mano, lo dilapidó comprando elecciones y gobiernos hasta desatar una marea que se apoderó por años de Sudamérica e incubó desde Venezuela y Brasil la mega corrupción que hemos conocido.

Fidel Castro fue por 60 años el general más importante de la izquierda en esta parte del mundo. Casi triunfó y en última instancia perdió.



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