jueves, 9 de mayo de 2019

MEDIA COLUMNA miércoles 8 mayo 2019



ESTA NOCHE, donde usted se entera no de todo lo que ocurre, sino de lo que necesita saber.


MEDIA COLUMNA
Siento, luego existo

Jorge Morelli
@jorgemorelli1
jorgemorelli.blogspot.com

Nos acecha un sentimentalismo engañoso. En la pantalla solía estar confinado, pero se apoderó hace décadas de la señal abierta del mediodía, luego de la noche y finalmente de la entrevista en el cable y las redes sociales. Hoy la entrevista política es un reality. El disfuerzo es el show, el invitado es un pretexto. El entrevistado es el entrevistador. Sus opiniones son la noticia. Es un actor representando a un periodista. 

Parafraseando a Descartes, “siento, luego existo" parece el lema del siglo XXI. La duda de la conciencia se instaló en el siglo XX, pero el  siglo XXI se ve en la necesidad de dudar ahora sistemáticamente del inconciente. 

La materia prima del seudo periodista-actor encubierto son las emociones. Parecen confiables porque se las expresa con oficio. Dicen algo del actor, pero son falsas noticias que el actor finge creer y el público da por ciertas, viralizándolas hasta sepultar la verdadera información bajo una montaña de ruido. Cualquier pretexto es bueno para el guión cotidiano. El libreto puede ser la engañosa idea de la justicia como un derecho natural, presentada como instrumento legítimo de la lucha contra la corrupción. Pero no es sino la corrupción del oficio periodístico convertido en instrumento de extorsión política. 

Hoy que el engaño comienza a quedar al descubierto se viraliza la desconfianza radical hacia todos salvo el entorno de confianza: el grupo de amigos, la familia. Es una recaída en el estado de naturaleza anterior al contrato social.

Es una nueva emoción: la del desencanto. Y la venganza ante el desencanto es engañar a otro. En la cadena de la viralizacion en las redes, me libro del mal contagiándolo deliberadamente. La noticia falsa es el virus. El desencanto puede desembocar fácilmente en la violencia. Cuando sirve de  fundamento a la acción política se transmuta en Terror. Su expresión concreta y anónima es la violencia mental que implica la violación cotidiana de la presunción de inocencia.   

La trampa se cierra, nos encierra, en una conducta obsesiva que gira en torno a la culpa, que hay que castigar en chivos expiatorios. Se necesita responsabilizar a alguien. Como es inconcebible que el mal sea cosa del azar, el mal termina siendo funcional al castigo de alguien y al beneficio de su adversario.

No hay otra salida de este laberinto que cancelar el pasado con todas sus cuentas pendientes. Y es en la acción donde está el remedio. En la decisión politica misma de hacerlo.

No es el que piensa ni el que siente el que existe, sino el que actúa para cambiar la realidad.


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