sábado, 18 de enero de 2020

MEDIA COLUMNA viernes 17 enero 2020



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El mal menor


Jorge Morelli
@jorgemorelli1


Una encuestadora da cuenta de que el 63% en Lima está a punto de votar blanco o viciado si es que no deja de votar del todo. Si es cierto lo que la encuesta sugiere, el artículo 184 de la Constitución dice que el Jurado declara la nulidad del proceso electoral si los votos blancos y viciados alcanzan los dos tercios de los votos emitidos.

Además, mientras más ausentismo y menos votos emitidos haya, mayor probabilidad de que los blancos y viciados alcancen los dos tercios de los votos emitidos.

Pero al margen de que este escenario se concrete –lo que es improbable-, la pregunta aquí es cuál es el mensaje que los peruanos están transmitiendo con este estado de ánimo.

Pienso que no es que no quieran votar, sino que no quieren un Congreso. Ni el anterior ni el nuevo que, por lo que aparece en los medios, sospechan será más de lo mismo. Pero no es que no quieran una democracia, sino que están hartos de nuestra democracia de baja gobernabilidad que no resuelve. Demandan una democracia con gobernabilidad, que resuelva.  

De ahí entonces quizá la relativa aceptación de Vizcarra, aunque sea decreciente, desde que disolviera el Congreso. La marea de la memoria ha traido el recuerdo de Fujimori. Si no es políticamente correcto decir esto, lo siento. Es lo que piensa la gente. Por eso quiere expresar su malestar votando en blanco o viciando el voto o simplemente no votando en absoluto. Sospecho que le entusiasma, además, asustar a la clase política con la fantasía de que se anulen las elecciones. Le divierte poner a la clase política a parir en un disparadero.

La Constitución no dice qué sucede en tal caso. Lo que dice el artículo 134 es que, disuelto el Congreso, las elecciones deben tener lugar dentro de los cuatro meses siguientes. Y el 136 añade que, si no se efectúan en ese plazo, el Congreso disuelto se reúne de pleno derecho y recobra sus facultades (y no se puede descartar que algún gracioso esté fantaseando con esa posibilidad).

Pero ese no sería el caso si la elección se efectuara, pero fuera declarada nula porque dos tercios de los votos emitidos resultaron blancos o viciados. En este caso, para desmayo de los malhumorados electores, no quedaría otra salida que convocar de nuevo a elecciones. Y así sucesivamente hasta que se elija a un Congreso como sea. El castigo de Sísifo, condenado por el mito griego a empujar una piedra cuesta arriba y dejarla rodar abajo solo para volver a empezar.

De modo que mejor ir a votar. Pero no blanco ni viciado, porque esos votos no se contabilizan y usted estará aceptando mansamente lo que decidan los que voten aunque sean pocos. Usted puede elegir entonces entre dos alternativas. La primera, votar por uno de los partidos que llegarán fuera de poste para quitarle el poder al Congreso atomizándolo, de manera que no pueda alcanzar mayoría para nada importante. La segunda, votar por uno de los caballos favoritos, y soportar un Congreso de pocas bancadas sobrerepresentadas que se arrogan falsamente hablar por una mayoría de peruanos. Apueste usted nomás en este casino tirando una moneda al aire. Total, ante tales opciones quién sabe cuál será el mal menor.  
  

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