sábado, 21 de junio de 2014

ESTA NOCHE sábado 21 junio 2014


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Juego limpio


Jorge Morelli
@jorgemorelli1
jorgemorelli.blogspot.com


Con 52 votos -34 nacionalistas, siete toledistas, ocho populistas, uno de Unión Regional, uno de Solidaridad Nacional y uno sin bancada-, el oficialismo aprobó acusar a Alan García por los narcoindultos. Sumando los restantes siete votos en contra y las siete abstenciones, votaron en total solo 66 congresistas de los 130.  

La bancada fujimorista no votó a favor, ni en contra, ni se abstuvo. Marcó asistencia y no votó. No hay precedentes de este tipo de expresión de voluntad de un grupo parlamentario, pero es un acto impecable en lo jurídico y en lo político.

Como se sabe, una resolución judicial anuló lo actuado en la megacomisión. Fue apelada por el Congreso  está pendiente la decisión del poder Judicial. Ante eso, no votar ha sido lo correcto por respeto a la decisión judicial pendiente. Al precipitarse a aprobar la acusación constitucional sin esperar la decisión judicial, en cambio, el oficialismo se ha hecho políticamente responsable de una interferencia del Legislativo en otro poder del Estado. Independientemente de la responsabilidad que pudiera caberle a Alan García por actos de su gobierno, el oficialismo –el partido de gobierno y sus aliados- ha vuelto a mezclar la política con la justicia y a oscurecer los hechos en vez de echar luz sobre ellos. 

Al optar como lo ha hecho, el fujimorismo, en cambio, no solo no se presta a avalar un acto cuyas funestas consecuencias ha sufrido en carne propia, sino deja expresa constancia de su negativa a inhabilitar a un adversario con subterfugios legales. Lo que quiere respecto de ese adversario, que tampoco le jugó limpio, no es ganarle con sucios trucos en la mesa, sino limpiamente en la cancha.

En estas elecciones próximas, el fujimorismo está presentando candidatos en el 80% de las regiones del Perú, en un 70 por ciento de las más de 180 provincias, y en al menos la mitad de los más de 1,800 distritos de todo el país. Solo en un diez por ciento de esos casos va en alianza con algún movimiento regional o local. En la inmensa mayoría de los distritos, provincias y regiones donde postula, lo hace con candidatos propios. Pronto podremos comparar las cifras con otros partidos para ver si alguno se acerca a esa marca. Fuerza Popular no va a sacar de la cancha con malas artes a un adversario. Juega en la cancha grande.

Fuerza Popular encabeza el retorno de los partidos nacionales a las regiones, capturadas por la corrupción a causa de una descentralización fallida, mal diseñada y peor ejecutada por dos gobiernos anteriores, y avalada por la desidia o la complicidad del actual ante los signos evidentes del desborde de la corrupción.

Precisamente por las circunstancias que le tocó vivir al haber sido objeto del ataque de la corrupción durante su gobierno, el fujimorismo tiene el deber ante el país de sacar las lecciones necesarias para erradicar esa amenaza. Hace más de 40 años, Samuel Huntington advirtió que, en ausencia de instituciones, el crecimiento económico trae aparejada la corrupción y la violencia. La corrupción es el efecto de la ausencia de justicia y de la falta de autoridad política. Llevar las instituciones de la autoridad política y la justicia, de la libertad económica y de la igualdad de oportunidades a todo el territorio del Perú es la tarea de la hija de Alberto Fujimori.

Y esta semana la bancada fujimorista en el Congreso ha dado cátedra de lo que es jugar limpio.  

   

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